Hong Kong supera a Suiza como centro de gestión de patrimonios offshore a nivel mundial
Hong Kong ha superado a Suiza como el mayor centro mundial de gestión patrimonial transfronteriza, lo que supone un cambio simbólico en un sector que durante mucho tiempo se ha asociado con la banca privada suiza. Se estima que los gestores de patrimonio de Hong Kong gestionaban $2,95 billones en activos internacionales en 2025, superando por un estrecho margen los $2,94 billones de Suiza, después de que el centro asiático registrara un crecimiento anual del 10,7%. La diferencia es pequeña, pero las fuerzas que la impulsan no lo son: las fortunas asiáticas están creciendo, el capital de China continental busca acceder a los mercados internacionales y las familias acaudaladas reparten cada vez más sus activos entre varias jurisdicciones, en lugar de depender de un único centro financiero.
Suiza sigue siendo uno de los mercados de gestión patrimonial más importantes del mundo, gracias a su estabilidad política, su experiencia especializada y un sector de banca privada consolidado a lo largo de generaciones. Por lo tanto, el avance de Hong Kong no supone tanto el desplazamiento de Suiza como una reorganización de los flujos de riqueza a nivel mundial. El centro de gravedad se está desplazando hacia el este, a medida que el patrimonio asiático crece más rápidamente que las fortunas consolidadas que tradicionalmente se gestionaban en Europa, mientras que los clientes responden a la incertidumbre geopolítica diversificando sus activos entre centros financieros con diferentes monedas, sistemas jurídicos y acceso a los mercados.
China impulsa el auge de Hong Kong
El auge de Hong Kong se basa, sobre todo, en su relación con China continental, que representa alrededor del 60% de la riqueza transfronteriza registrada en el territorio. Su posición permite a los empresarios y a las familias acaudaladas chinas acceder a bancos internacionales, productos de inversión y mercados de capitales, al tiempo que permite a las instituciones globales prestar servicio a clientes vinculados a la segunda economía más grande del mundo. La recuperación de los mercados bursátiles de Hong Kong y el repunte de la actividad de salidas a bolsa en 2025 reforzaron ese atractivo al generar nueva riqueza, proporcionar liquidez a los fundadores de las empresas y atraer de nuevo capital internacional a la ciudad.
Esta conexión tiene un gran peso comercial, pero también supone un riesgo de concentración. Hong Kong se beneficia cuando la creación de riqueza, la actividad empresarial y la inversión transfronteriza en China continental son sólidas; sin embargo, sus instituciones financieras siguen expuestas a los cambios en los controles de capital y la política reguladora chinas. El reciente escrutinio de Pekín sobre los canales de inversión en el extranjero no autorizados ha recordado a los bancos, las aseguradoras y los gestores de patrimonios que el acceso a los clientes del continente depende, en última instancia, de normas que se establecen al margen del sector financiero de Hong Kong. Por lo tanto, la misma relación que ha impulsado a la ciudad por delante de Suiza podría hacer que el crecimiento futuro fuera más volátil.
Suiza pierde el liderazgo, pero no su importancia
La posición de Suiza ha cambiado considerablemente desde la época en la que el secreto bancario constituía el núcleo de su atractivo internacional. Los intercambios automáticos de información fiscal, los controles más estrictos contra el blanqueo de capitales y un mayor escrutinio de los activos no declarados han obligado a los bancos suizos a sustituir el secreto por una propuesta basada en la experiencia, la seguridad, la estabilidad política y un asesoramiento transfronterizo sofisticado. Estos cambios han hecho que el mercado sea más transparente, pero no han eliminado las ventajas que ofrece una elevada concentración de bancos privados, abogados, fiduciarios, gestores de activos y asesores multilingües.
No obstante, el modelo suizo se enfrenta a un crecimiento subyacente de la riqueza más lento que el de sus competidores asiáticos y a una mayor presión para defender su competitividad. Hong Kong, Singapur, Dubái y Estados Unidos están atrayendo a clientes internacionales por diferentes motivos, lo que ofrece a las familias acaudaladas alternativas más creíbles que las que tenían hace dos décadas. Suiza ya no puede dar por sentado que su reputación histórica por sí sola le garantizará el liderazgo, sobre todo ahora que se están creando nuevas fortunas en regiones cuyos clientes prefieren centros financieros más cercanos a sus negocios, familias y oportunidades de inversión.
El patrimonio en paraísos fiscales se diversifica cada vez más
El término «patrimonio offshore» suele evocar el secretismo o la evasión fiscal, pero en la gestión patrimonial moderna describe, en un sentido más amplio, los activos registrados fuera de la jurisdicción de residencia del propietario. Las familias acaudaladas pueden recurrir a varios centros para acceder a diferentes divisas, bancos, mercados de inversión, estructuras jurídicas o entornos políticos. Un empresario chino puede tener activos en Hong Kong y Singapur; una familia europea puede combinar Suiza con Estados Unidos o Dubái; y una familia con movilidad internacional puede recurrir a varias jurisdicciones para gestionar distintas partes de su patrimonio.
Esta diversificación ha cobrado mayor importancia a medida que las sanciones, las elecciones, los controles de capital y los conflictos geopolíticos generan riesgos que no pueden abordarse únicamente mediante la asignación convencional de activos. Los clientes ya no se limitan a diversificar entre acciones, bonos e inmuebles; también diversifican las jurisdicciones, los depositarios y los sistemas jurídicos a través de los cuales se mantienen dichos activos. El avance de Hong Kong forma parte, por tanto, de una fragmentación más amplia de la riqueza mundial, en la que no se espera que un único centro satisfaga todos los requisitos.
Las «family offices» pasan a formar parte de la competencia
Hong Kong ha tratado de reforzar su posición atrayendo a oficinas familiares y ampliando los servicios disponibles para las familias acaudaladas. Las ventajas fiscales, los programas de inmigración por inversión, el acceso a los mercados de capitales y un ecosistema cada vez más amplio de asesores tienen como objetivo convertir a la ciudad en una base no solo para la gestión de carteras, sino también para la planificación sucesoria, la filantropía, las inversiones privadas y la gobernanza familiar.
La competencia no se limita a Hong Kong y Suiza. Singapur ha desarrollado un sólido sector de family offices, aunque el mayor escrutinio tras varios casos de blanqueo de capitales ha frenado en parte su impulso. Dubái y Abu Dabi están atrayendo a familias internacionales gracias a una fiscalidad favorable, la estabilidad política y el acceso a mercados que abarcan Europa, Asia y África. El resultado es un mercado más competitivo en el que los centros financieros deben ofrecer un entorno completo de gestión patrimonial, en lugar de limitarse únicamente a los servicios bancarios.
Para las oficinas familiares, la proximidad a las oportunidades de inversión suele ser tan importante como la fiscalidad o la normativa. Hong Kong ofrece acceso directo a los mercados públicos asiáticos, a las empresas privadas, al capital riesgo y a las operaciones relacionadas con China, mientras que Suiza sigue teniendo una ventaja en materia de preservación del patrimonio, diversificación global y estructuras multigeneracionales complejas. Por lo tanto, la elección entre ambas opciones rara vez es absoluta; muchas familias acaudaladas recurren a ambas.
La regulación sigue formando parte de la propuesta de valor
Los centros financieros suelen describir la regulación como una carga, pero en la gestión patrimonial una supervisión fiable también forma parte del producto. Los clientes necesitan tener la seguridad de que sus activos se mantienen a salvo, de que las transacciones pueden llevarse a cabo y de que se respetarán sus derechos legales. Al mismo tiempo, unas normas excesivamente complejas o impredecibles pueden hacer que los negocios se trasladen a otros lugares, sobre todo cuando las familias pueden elegir entre varias jurisdicciones viables.
Hong Kong debe gestionar este equilibrio con cautela. Su tradición de derecho anglosajón, su moneda libremente convertible y su sistema bancario internacional lo han distinguido durante mucho tiempo de China continental; sin embargo, los inversores siguen evaluando cómo la integración política podría afectar a la autonomía regulatoria y a la seguridad jurídica. Suiza se enfrenta a un reto diferente: sus estándares gozan de una amplia confianza, pero los gestores patrimoniales sostienen cada vez más que el país debe responder con mayor rapidez a la competencia y evitar normas que compliquen innecesariamente la atención al cliente.
Ninguno de los dos centros podrá prosperar basándose únicamente en una normativa flexible. Los centros más sólidos serán aquellos capaces de combinar controles rigurosos con un proceso de incorporación eficiente, transparencia fiscal, infraestructura digital y un trato predecible hacia los clientes internacionales.
La tecnología está transformando la banca privada
La competencia por el patrimonio transfronterizo también se está volviendo tecnológica. Los clientes acaudalados esperan recibir informes consolidados, un proceso de alta digital y un acceso seguro a las carteras que mantienen en distintos bancos y jurisdicciones. Las entidades que antes se diferenciaban principalmente por las relaciones personales ahora deben respaldar esas relaciones con mejores datos, una gestión más ágil y una visión más clara de los activos complejos.
El sector financiero de Hong Kong está realizando importantes inversiones en plataformas digitales, mientras que su proximidad a las empresas tecnológicas asiáticas le permite acceder a la innovación en materia de pagos, inteligencia artificial y análisis de clientes. Los gestores de patrimonios suizos conservan una sólida experiencia en el asesoramiento personalizado, pero deben seguir modernizando unos sistemas que, a menudo, se diseñaron en torno a instituciones concretas y no a clientes cuyos activos se distribuyen a nivel mundial. La tecnología no sustituirá a la confianza en la banca privada, aunque determinará cada vez más si esa confianza se sustenta en un servicio eficiente y transparente.
La ventaja de Hong Kong podría aumentar, pero no es segura
BCG prevé que la diferencia entre Hong Kong y Suiza se acerque a los $600 mil millones para 2030, a medida que la riqueza asiática siga creciendo. Esa previsión refleja la fortaleza industrial de China, la recuperación de los mercados de capitales de Hong Kong y la acumulación generalizada de riqueza privada en toda Asia. La posición de Hong Kong como principal centro financiero de la región también se mantiene sólida: ocupa el tercer puesto a nivel mundial en el último Índice de Centros Financieros Globales, solo por detrás de Nueva York y Londres.
No obstante, las perspectivas dependen en gran medida de si Hong Kong es capaz de conservar las características que lo han convertido en una puerta de entrada internacional. El acceso continuado a la riqueza del continente, una cuenta de capital abierta, la previsibilidad jurídica y la confianza de las instituciones mundiales serán más importantes que los objetivos de promoción. La reimposición de restricciones a la salida de capitales de China, la debilidad prolongada de los precios de los activos chinos o la creciente preocupación por la intervención política podrían frenar las entradas de capital que han impulsado su reciente avance.
Suiza, por su parte, no parece dispuesta a retirarse sin más. Sus bancos privados siguen gestionando enormes carteras internacionales, y el país conserva una reputación de estabilidad que resulta especialmente valiosa en tiempos de crisis. Su reto consiste en modernizar su oferta sin debilitar las cualidades en las que se basa esa reputación.
El ascenso de Hong Kong al primer puesto marca, por tanto, un auténtico cambio en la gestión patrimonial mundial, pero no la aparición de un ganador definitivo. El sector se está volviendo más regional, más competitivo y más dependiente de unos clientes que reparten deliberadamente su patrimonio entre varios centros. Hong Kong ostenta ahora la mayor cuota de ese mercado transfronterizo, pero el futuro pertenecerá menos a la jurisdicción que atraiga todos los activos que a aquellas capaces de seguir siendo indispensables dentro de un sistema global cada vez más diversificado.


