Materias primas

Dinámica del mercado mundial del litio

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Dinámica del mercado mundial del litio

El litio se ha convertido en una de las materias primas clave de la transición energética. La demanda está aumentando a medida que se extienden los vehículos eléctricos y el almacenamiento en baterías, lo que atrae capital hacia nuevas minas, instalaciones de procesamiento y tecnologías de reciclaje. Sin embargo, este rápido crecimiento no ha dado lugar a un panorama de inversión sencillo. Los precios siguen siendo volátiles, el suministro está concentrado geográficamente y los nuevos proyectos se enfrentan a largos plazos de aprobación, así como a un escrutinio medioambiental cada vez mayor.

Durante gran parte del siglo XX, el litio fue un material industrial de importancia relativamente modesta. Se utilizaba en cerámica, vidrio, lubricantes y productos farmacéuticos, pero apenas despertaba el interés de los principales inversores en materias primas.

Las baterías de iones de litio cambiaron esa situación. Su comercialización en la década de los noventa impulsó la difusión de los ordenadores portátiles, los teléfonos móviles y otros dispositivos electrónicos portátiles. Estas aplicaciones hicieron crecer la demanda de forma gradual, pero el mercado seguía siendo reducido en comparación con el de metales como el cobre, el aluminio o el mineral de hierro.

Los vehículos eléctricos han cambiado la dimensión del sector. Las baterías representan ahora la mayor parte del consumo de litio, mientras que los sistemas de almacenamiento en la red eléctrica están generando una fuente adicional de demanda.

La Agencia Internacional de la Energía prevé que la demanda de litio aumente en más de 40% de aquí a 2030. La evolución concreta dependerá de las ventas de vehículos eléctricos, la composición química de las baterías y el ritmo de inversión en almacenamiento de electricidad.

Lo que está claro es que el litio ha pasado de ser un mercado industrial especializado a situarse en el centro de la política energética e industrial.

Las baterías transforman la base de la demanda

Los vehículos eléctricos requieren una cantidad de litio considerablemente mayor que los aparatos electrónicos de consumo. La batería de un smartphone contiene solo unos pocos gramos de este metal, mientras que la batería de un coche eléctrico puede necesitar varios kilogramos de litio en forma procesada.

Por lo tanto, la expansión de la movilidad eléctrica tiene un efecto desmesurado sobre la demanda.

Se preveía que el mercado mundial de vehículos eléctricos creciera a una tasa de crecimiento anual compuesta del 21,71 TP3T entre 2021 y 2030. Los fabricantes de automóviles han respondido a esta situación firmando contratos de suministro a largo plazo e invirtiendo más directamente en las cadenas de suministro de baterías y materias primas.

La Gigafábrica de Tesla en Nevada puso de manifiesto la magnitud de este cambio industrial. La planta se diseñó para dar cabida a la producción de baterías para hasta 500 000 vehículos eléctricos al año.

Otros fabricantes han seguido su ejemplo con grandes plantas de fabricación de baterías en América del Norte, Europa y Asia. Estas instalaciones aumentan la demanda no solo de litio, sino también de níquel, cobalto, grafito y otros materiales para baterías.

La cuestión estratégica es clara: fabricar vehículos eléctricos requiere algo más que establecer líneas de montaje. Los fabricantes también deben asegurarse el acceso a materiales procesados y a celdas de batería.

El almacenamiento añade otra capa

El almacenamiento de electricidad constituye un segundo mercado importante.

La energía solar y la eólica son variables. Su producción no siempre coincide con la demanda, lo que hace necesario contar con sistemas capaces de almacenar electricidad y liberarla más tarde.

Las baterías de iones de litio dominan actualmente muchas aplicaciones de almacenamiento, ya que ofrecen una alta densidad energética, un rendimiento mejorado y una base de fabricación consolidada.

El almacenamiento en red aún no consume tanto litio como los vehículos eléctricos, pero el sector está en expansión. Las empresas de suministro eléctrico, las empresas y los hogares están instalando baterías para respaldar la generación de energía renovable, gestionar los picos de demanda y mejorar la resiliencia.

Esto amplía la base de demanda del litio. El mercado ya no depende exclusivamente de la evolución del sector de la automoción.

Además, hace que este producto básico se vea afectado por la política de infraestructuras, el diseño del mercado eléctrico y la inversión en redes eléctricas. Una desaceleración en las ventas de vehículos eléctricos podría reducir una fuente de demanda, mientras que el almacenamiento sigue expandiéndose.

La oferta está concentrada, pero no en un solo lugar

La producción de litio se diferencia de la de muchas otras materias primas estratégicas porque la extracción y el procesamiento se realizan en lugares geográficamente separados.

Australia es el mayor productor de litio extraído de minas, procedente principalmente de yacimientos de roca dura. Chile y Argentina cuentan con amplios recursos de salmuera, mientras que China desempeña un papel destacado en el refinado y la fabricación de baterías.

Esta división genera varios puntos de vulnerabilidad.

Un país puede disponer de reservas considerables, pero carecer de la infraestructura o la capacidad de procesamiento necesarias para suministrar material apto para baterías. Los productores deben transformar el litio en bruto en productos químicos con la pureza suficiente para su uso en baterías.

La sólida posición de China en el sector del refinado le confiere una influencia considerable sobre la cadena de suministro, incluso cuando la materia prima se extrae en otros lugares.

Los gobiernos de Estados Unidos y Europa están intentando reducir esta dependencia mediante el apoyo a las minas nacionales, la capacidad de refinado y la fabricación de baterías.

La diversificación llevará tiempo. Las nuevas instalaciones de transformación requieren conocimientos técnicos, inversión y un acceso fiable a las materias primas.

Chile se enfrenta a los límites de la extracción

El desierto de Atacama, en Chile, alberga algunas de las salinas de litio más ricas del mundo. El país se ha convertido en un importante exportador gracias a la extracción de agua rica en minerales de debajo de los salares y a su transformación en compuestos de litio.

Este sector ha generado ingresos por exportaciones y ha reforzado el papel de Chile en los mercados mundiales de materias primas.

Además, ha generado tensiones medioambientales y políticas.

La extracción de litio a partir de salmueras puede requerir grandes cantidades de agua en algunas de las regiones más áridas del planeta. Las comunidades locales y los colectivos ecologistas han expresado su preocupación por el impacto que esto puede tener en las aguas subterráneas, los ecosistemas y los medios de vida tradicionales.

El debate pone de manifiesto una contradicción fundamental en la transición energética. Las tecnologías destinadas a reducir las emisiones globales siguen requiriendo una extracción intensiva en determinados lugares.

Chile ha buscado una mayor participación del Estado en el sector, al tiempo que se mantiene el acceso al capital privado y a los conocimientos técnicos. El resultado influirá en la rapidez con la que la nueva oferta llegue al mercado.

Un marco normativo más estricto podría aumentar los costes y ralentizar el desarrollo. Unas medidas de protección medioambiental insuficientes podrían dañar los ecosistemas locales y socavar la legitimidad social del sector.

Ninguno de los dos problemas puede pasarse por alto.

Los precios no suben de forma lineal

Una fuerte demanda a largo plazo no garantiza que los precios del litio aumenten de forma constante.

Los mercados de materias primas reaccionan ante las expectativas. Cuando los precios suben, los productores invierten en nuevas minas y las empresas de transformación amplían su capacidad. En ese caso, la oferta puede crecer más rápido que la demanda, lo que provoca una caída de los precios.

El litio ya ha experimentado ciclos muy marcados. A los períodos de escasez y de rápida subida de los precios les han seguido caídas sustanciales a medida que la nueva producción entraba en el mercado y se ralentizaba el crecimiento de los vehículos eléctricos.

Esta volatilidad complica las decisiones de inversión.

Los proyectos mineros suelen tardar años en desarrollarse. Una empresa puede aprobar una nueva mina cuando los precios son altos, pero el proyecto acaba entrando en fase de producción en unas condiciones de mercado mucho más desfavorables.

Los precios bajos pueden retrasar la aparición de nueva oferta, lo que allana el camino para una futura escasez. Los precios altos fomentan la inversión, pero también crean incentivos para reducir el uso de materiales o adoptar tecnologías alternativas.

Las perspectivas de demanda a largo plazo podrían mantenerse intactas, incluso aunque algunos productores tengan dificultades para obtener una rentabilidad adecuada.

La química no deja de cambiar

La tecnología de las baterías no es algo inmutable.

Los fabricantes están modificando la composición química de los cátodos para reducir los costes, mejorar la seguridad y limitar la dependencia de materiales escasos. Las baterías de fosfato de hierro y litio, por ejemplo, no contienen níquel ni cobalto y han ganado cuota de mercado en los vehículos eléctricos de bajo coste y en los sistemas de almacenamiento estacionario.

Siguen necesitando litio.

Es posible que, con el tiempo, las baterías de estado sólido ofrezcan una mayor densidad energética, una recarga más rápida o una mayor seguridad. La mayoría de los diseños que se están desarrollando también dependen del litio, aunque pueden utilizarlo de forma diferente.

La principal amenaza para la demanda provendría de las tecnologías que reduzcan sustancialmente o eliminen el uso del litio. Las baterías de iones de sodio son una posible alternativa, sobre todo para aquellas aplicaciones en las que el bajo coste es más importante que la máxima densidad energética.

El sodio es abundante y se encuentra ampliamente distribuido geográficamente. Sin embargo, su menor densidad energética lo hace menos adecuado para muchos vehículos de largo recorrido.

Por lo tanto, es más probable que el cambio tecnológico modifique la composición de la demanda de litio que la elimine a corto plazo.

No obstante, los inversores deben evitar dar por sentado que el diseño actual de las baterías seguirá siendo el predominante de forma indefinida.

La sostenibilidad se convierte en una cuestión comercial

El desempeño medioambiental cobra cada vez más importancia en la financiación de proyectos y en los contratos con los clientes.

Los fabricantes de automóviles se ven presionados para demostrar que los materiales utilizados en los vehículos eléctricos se producen de forma responsable. La normativa sobre baterías está introduciendo requisitos más estrictos en materia de emisiones, trazabilidad y reciclaje.

Por lo tanto, los productores de litio pueden competir no solo en cuanto a precio y calidad, sino también en lo que respecta al consumo de agua, la intensidad de carbono y las relaciones con las comunidades locales.

La minería de roca dura puede requerir una cantidad considerable de energía para la extracción y el procesamiento. La producción de salmuera plantea diversas preocupaciones, especialmente en lo que respecta al agua y a los ecosistemas.

Ningún método de extracción está exento de repercusiones.

La cuestión relevante es si los costes medioambientales se miden, se reducen y se tienen en cuenta en las decisiones relativas a los proyectos. Las empresas que no logren ganarse la aceptación de la comunidad pueden enfrentarse a retrasos, litigios o la pérdida de los permisos de explotación.

Estos riesgos pueden tener un impacto financiero significativo. Un yacimiento tiene poco valor si no se puede explotar.

El reciclaje ofrece suministro, pero solo de forma gradual

El reciclaje de baterías suele presentarse como una vía para lograr un mercado del litio más circular.

Las baterías usadas contienen materiales que pueden recuperarse y volver a utilizarse en la producción. El reciclaje puede reducir los residuos, disminuir la dependencia de los recursos recién extraídos y crear una fuente de suministro más local.

La contribución a corto plazo vendrá determinada por la disponibilidad.

Las baterías de los vehículos eléctricos pueden seguir utilizándose durante muchos años. El sector debe fabricar primero un gran número de vehículos antes de que haya disponibles cantidades importantes de baterías al final de su vida útil.

Los residuos de fabricación constituyen una fuente de material más temprana, pero no pueden satisfacer la totalidad del aumento de la demanda.

Por lo tanto, es poco probable que el reciclaje sustituya a la minería durante la próxima década. No obstante, puede convertirse en un componente cada vez más importante de la combinación de fuentes de suministro y reducir, con el tiempo, el volumen de nueva extracción necesario.

Su viabilidad económica dependerá de los sistemas de recogida, la normativa, los costes de tratamiento y los precios de las materias primas.

Los gobiernos consideran el litio un recurso estratégico

La política sobre el litio se está convirtiendo en parte de una competencia más amplia en torno a las cadenas de suministro de energía limpia.

China se ha consolidado como un actor clave en los sectores del refinado, los componentes de baterías y la fabricación de celdas. Estados Unidos y la Unión Europea están respondiendo con subvenciones, políticas industriales y requisitos de contenido local.

Los países ricos en recursos naturales también se están replanteando su papel. Algunos quieren ir más allá de la exportación de materias primas y desarrollar industrias nacionales de transformación o de baterías.

Esto genera oportunidades, pero también el riesgo de que los mercados se fragmenten.

Las restricciones a la exportación, las disputas comerciales y los regímenes de subvenciones que compiten entre sí pueden aumentar los costes. Es posible que se exija a los fabricantes que adquieran materiales en jurisdicciones preferentes, incluso cuando existan suministros más baratos en otros lugares.

La seguridad del suministro está empezando a entrar en competencia con la eficiencia.

En el caso de las empresas, es probable que la respuesta pase por contratos más largos, inversiones en varias regiones y relaciones más estrechas con los socios del sector minero y de transformación.

Puede que la fuente más barata ya no se considere la más segura.

Las oportunidades de inversión requieren criterio

El crecimiento del mercado del litio genera oportunidades en los sectores de la minería, el refinado, la fabricación de baterías, los equipos y el reciclaje.

Además, da pie a que surjan proyectos poco sólidos y valoraciones poco realistas.

Los yacimientos de alta calidad suelen ofrecer leyes favorables, costes de extracción asumibles, acceso a infraestructuras y un marco normativo fiable. La experiencia de la dirección y la solidez del balance son factores importantes, ya que los plazos de desarrollo pueden ser largos.

Los inversores también deben distinguir entre recursos y reservas. Una empresa puede controlar un gran recurso geológico sin haber demostrado que su extracción sea rentable.

El procesamiento es otra limitación. La producción constante de litio apto para baterías plantea grandes retos técnicos. Una mina puede cumplir su objetivo de producción y, aun así, tener dificultades para suministrar material con la calidad requerida.

Por lo tanto, la exposición a los precios del litio debería evaluarse junto con los riesgos operativos, políticos y financieros.

La importancia estratégica de esta materia prima no significa que todos los productores sean una buena inversión.

Las previsiones de demanda deben abordarse con cautela

Los analistas preveían que la demanda mundial de litio se duplicaría para 2025, impulsada por los vehículos eléctricos y el almacenamiento de energía. BloombergNEF también pronosticaba una reducción sustancial de los costes de las baterías de iones de litio.

Las previsiones de este tipo dependen en gran medida de la fecha de inicio y de los supuestos en los que se basan. Los precios de las baterías dependen de los costes de las materias primas, la escala de fabricación, la tecnología y las condiciones del mercado.

Una reducción de los costes de las baterías favorecería una mayor implantación de los vehículos eléctricos y los sistemas de almacenamiento. Además, podría ejercer presión sobre los fabricantes si las mejoras en la eficiencia redujeran la cantidad de material necesario por unidad de capacidad.

Por lo tanto, la demanda debería medirse tanto en términos de implantación de baterías como de intensidad de materiales.

El hecho de que el mercado de las baterías sea más amplio no implica automáticamente que todas las materias primas experimenten el mismo ritmo de crecimiento.

La siguiente fase pondrá a prueba la cadena de suministro

Es probable que la demanda de litio siga creciendo a medida que los sistemas de transporte y eléctricos dependan cada vez más de las baterías.

El reto del sector ya no consiste en determinar si existe un mercado, sino en desarrollar una oferta suficiente y fiable sin generar costes medioambientales insostenibles ni períodos prolongados de exceso de oferta.

Las empresas mineras deben lidiar con los permisos, las relaciones con las comunidades y la volatilidad de los precios. Los fabricantes de baterías necesitan un acceso constante a materiales de alta pureza. Los fabricantes de automóviles deben encontrar un equilibrio entre los costes y la seguridad del suministro.

Los gobiernos se enfrentan a sus propias disyuntivas. Quieren fomentar la industria nacional y la independencia estratégica, pero la aprobación de nuevas minas e instalaciones de transformación puede resultar políticamente complicada.

El litio seguirá siendo fundamental para muchas tecnologías de transición energética. Sin embargo, eso no significa que su mercado sea predecible.

Al igual que otras materias primas, pasará por ciclos de escasez, inversión y exceso de capacidad. La tecnología modificará la demanda, mientras que las políticas reconfigurarán el comercio y la producción.

Los ganadores no serán necesariamente aquellos que cuenten con los yacimientos más grandes. Serán los productores e inversores capaces de gestionar los costes, crear cadenas de suministro fiables y mantener su viabilidad cuando el entusiasmo dé paso a la disciplina del ciclo de las materias primas.