Oficinas unifamiliares

¿Cuándo necesita una familia algo más que un banco privado?

Foto de Andreea Avramescu (@minakko) en Unsplash

Un buen banco privado puede aportar orden a la gestión del patrimonio. La familia recibe informes periódicos sobre su cartera, tiene acceso a especialistas en inversiones, servicios de custodia, crédito y cambio de divisas, y cuenta con un gestor de relaciones que conoce bien al titular. Para una familia con activos mayoritariamente líquidos, una estructura de propiedad sencilla y una exposición transfronteriza limitada, eso puede ser suficiente.

El problema surge cuando el banco es excelente en lo que ve, pero parte del patrimonio real de la familia queda fuera de su campo de visión.

Un banco suizo puede gestionar la cartera cotizada, conceder un préstamo Lombard y presentar oportunidades en el mercado privado. Puede conocer el perfil de riesgo de inversión de la familia y elaborar informes trimestrales muy bien elaborados. Sin embargo, es posible que no tenga en cuenta la empresa operativa en el extranjero, los inmuebles que se poseen a través de una sociedad familiar, los documentos fiduciarios que obran en poder de los abogados, el heredero que ha adquirido la residencia fiscal en otro país, la fundación que se está barajando con los asesores o los compromisos de capital riesgo que requerirán liquidez durante los próximos cinco años.

En ese momento, la cuestión no es si el banco es competente. Puede que sea muy competente. La cuestión es si los asuntos de la familia se han vuelto demasiado complejos como para que una sola relación bancaria pueda funcionar como sistema operativo de la familia.

Esta es una cuestión especialmente relevante en Suiza. El país sigue siendo uno de los principales centros mundiales de gestión patrimonial transfronteriza. Los datos de la Asociación Suiza de Banqueros muestran que, a finales de 2024, los bancos suizos gestionaban 9,284 billones de francos suizos en activos, de los cuales 4,225 billones pertenecían a clientes domiciliados en el extranjero. Esa dimensión internacional forma parte del atractivo de Suiza. También significa que muchas familias que llegan a Zúrich, Ginebra, Zug o Lugano traen consigo vidas que abarcan varias jurisdicciones: residencias, empresas, herederos, obligaciones fiscales y asesores repartidos por varios países.

Un banco privado puede desempeñar un papel fundamental en la estructura. No debe darse por sentado que sea él quien coordine todo el conjunto.

La verdadera señal es la complejidad, no solo la riqueza

Las familias suelen plantearse la pregunta equivocada: ¿de cuánto dinero necesitamos disponer para que nos resulte necesario contar con una family office o un asesor externo? Existen unos umbrales aproximados en el mercado, pero son menos útiles de lo que las familias imaginan. Puede resultar más sencillo atender a una familia con 200 millones de francos suizos en un mandato discrecional de liquidez que a una familia con 60 millones de francos suizos repartidos entre empresas privadas, inmuebles, deuda, obras de arte, estructuras extraterritoriales, varios herederos y tres regímenes fiscales.

La complejidad se manifiesta en pequeños detalles. Nadie puede elaborar una lista fiable de todas las cuentas bancarias y entidades jurídicas. La familia desconoce su verdadera base de costes anual tras deducir comisiones, impuestos, gastos inmobiliarios y el servicio de la deuda. Llega una solicitud de aportación de capital del mercado privado en un momento inoportuno. Dos asesores ofrecen recomendaciones técnicamente correctas, pero incompatibles entre sí. El titular se convierte en la única persona que entiende por qué ciertos activos nunca deberían venderse. Los hijos empiezan a hacer preguntas que el sistema de información no puede responder.

Cuando estas situaciones dejan de ser excepcionales para convertirse en algo habitual, es posible que la familia necesite algo más que un banco privado. No porque el banco haya fallado, sino porque la familia ha pasado de la gestión patrimonial a la arquitectura patrimonial.

Ámbitos en los que la banca privada suele funcionar bien

Un banco privado suele ser el proveedor más adecuado cuando los activos son principalmente financieros, la custodia está concentrada, la titularidad es clara y la principal necesidad de la familia es la gestión de inversiones.

Una familia con un patrimonio de entre 15 y 40 millones de francos suizos en valores cotizados, efectivo, una hipoteca y, tal vez, uno o dos fondos privados, puede estar bien atendida por uno o dos bancos sólidos, con el apoyo de asesores fiscales y jurídicos cuando sea necesario. El banco puede encargarse de la custodia, la gestión de la cartera, el crédito, los pagos y la presentación de informes. El gestor de relaciones puede coordinar a los especialistas dentro de la entidad y ayudar a la familia a acceder a préstamos, soluciones estructuradas, mandatos discrecionales e informes de inversión.

Este modelo puede resultar eficaz. Evita el exceso de complejidad. Mantiene claras las responsabilidades. Además, evita el coste que supone contratar personal o nombrar asesores adicionales que podrían duplicar los servicios que el banco ya presta.

La familia debería seguir planteando preguntas difíciles sobre las comisiones, la selección de productos, los conflictos de intereses, la presentación de informes, los tipos de interés, los diferenciales de cambio y la forma en que se remunera al gestor de relaciones. Sin embargo, si el patrimonio de la familia es relativamente sencillo, recurrir a una «multi-family office» o a un gestor de activos externo podría no aportar suficiente valor añadido como para justificar esa capa adicional.

La dificultad surge cuando la familia espera que el banco privado realice tareas que quedan fuera de su ámbito de competencia natural.

El primer punto de inflexión: nadie ve el balance completo

Un informe bancario suele reflejar los activos depositados en ese banco. Es posible que no incluya los activos depositados en otros bancos, las empresas de propiedad directa, los bienes inmuebles, las obras de arte, los préstamos a familiares, los acuerdos entre accionistas, las pólizas de seguro ni los compromisos en el mercado privado sin financiación. Incluso cuando los bancos ofrecen herramientas de agregación, la calidad de estas depende del acceso a los datos, de su clasificación y de la disposición de la familia a revelar toda la información.

Un proveedor de informes consolidados resulta útil cuando la familia necesita una visión global y fiable que abarque todas las entidades y tipos de activos. No se trata solo de informar sobre la rentabilidad, sino también de ejercer control.

El responsable de una familia de inversión podría creer que la cartera está moderadamente diversificada, mientras que una visión global revela una exposición repetida a la misma empresa tecnológica a través de acciones directas, fondos indexados, fondos de capital riesgo y una inversión de capital riesgo. Otra familia puede creer que dispone de amplia liquidez, mientras que el proveedor de información muestra que la mayoría de los activos líquidos están pignorados, reservados a efectos fiscales o destinados a aportaciones de capital.

La gestión consolidada resulta especialmente valiosa para las familias extranjeras que se instalan en Suiza. Una relación bancaria suiza recién establecida puede mejorar el servicio y la estabilidad, pero no incorporará automáticamente el historial de cuentas, empresas y propiedades que se encuentren en otros lugares. Sin un mapa adecuado de los activos, Suiza se convierte en una capa más, en lugar de un centro que simplifique las cosas.

La prueba de servicio es sencilla: ¿puede la familia presentar, en unos días, un resumen completo y actualizado de sus activos, pasivos, propiedad, liquidez y obligaciones futuras? Si no es así, la información consolidada podría ser la primera pieza que falta.

El segundo punto de inflexión: el asesoramiento en materia de inversiones requiere independencia

Un banco privado puede ofrecer un buen asesoramiento en materia de inversiones. Además, puede actuar tanto como asesor como distribuidor de productos. Esto no significa que el asesoramiento sea inadecuado, pero las familias deben comprender la estructura comercial que hay detrás.

Un gestor de activos externo puede resultar útil cuando la familia desea separar la supervisión de las inversiones de la custodia. En Suiza, los gestores de activos externos y los gestores de carteras operan bajo un marco regulado. La FINMA autoriza a los gestores de carteras y a los fideicomisarios que cumplen los requisitos legales, y la autoridad mantiene registros públicos de las entidades autorizadas. Esto proporciona a las familias un punto de partida formal para llevar a cabo la debida diligencia, aunque la autorización nunca debe confundirse con una garantía de la calidad de la inversión.

El gestor de activos externo puede gestionar carteras depositadas en varios bancos, comparar las condiciones de custodia, negociar comisiones, analizar propuestas de productos y garantizar la continuidad en caso de que la familia cambie de entidad bancaria. Para una familia que cuente con más de un custodio, esto puede resultar muy valioso. El asesor se sitúa del lado de la familia, en lugar de formar parte de una sola entidad.

Este modelo no es necesariamente mejor. Algunas gestoras externas son pequeñas, dependen del fundador o tienen conocimientos limitados sobre determinadas clases de activos. Algunas reciben retrocesiones o tienen relaciones preferentes con determinados productos. Algunas destacan en la gestión de carteras líquidas, pero se muestran más débiles en activos privados, coordinación fiscal o gobernanza familiar.

Por lo tanto, una familia debería preguntarse: ¿ofrece el gestor externo una arquitectura verdaderamente abierta o se trata simplemente de otro canal de selección de productos? ¿Puede elaborar informes que abarquen varios bancos? ¿Puede cuestionar una propuesta de una banca privada? ¿Comprende el balance completo de la familia o solo el mandato de activos líquidos? ¿Qué ocurre si el fundador se marcha, vende la empresa o deja de estar disponible?

Un gestor externo adecuado puede reducir los conflictos y mejorar la supervisión. Uno inadecuado supone tener que gestionar a otro asesor más.

El tercer punto de inflexión: la residencia fiscal y la propiedad se vuelven móviles

Un banco privado no puede sustituir a un asesor fiscal. Aunque parezca obvio, las familias suelen confundir ambos conceptos cuando el gestor de relaciones es una persona con gran experiencia, habla varios idiomas y está acostumbrado a tratar con clientes internacionales.

El asesoramiento fiscal resulta esencial cuando la residencia, la propiedad y la sucesión traspasan las fronteras. Suiza participa en el intercambio automático de información sobre cuentas financieras y mantiene relaciones de intercambio automático de información (AEOI) con una amplia red de jurisdicciones asociadas. Los bancos suizos operan bajo el régimen del AEOI desde 2017. Para las familias con movilidad internacional, la transparencia no es una excepción que haya que tener en cuenta a la hora de planificar, sino que forma parte del entorno operativo.

Imaginemos una familia que se traslada del Reino Unido a Suiza, pero que conserva una propiedad en el Reino Unido, una empresa no suiza e hijos residentes en otros países. El banco privado puede explicar los servicios suizos de custodia e inversión. No cabe esperar que determine todas las repercusiones fiscales derivadas de la residencia, las remesas, la propiedad de la empresa, la planificación sucesoria, el tratamiento de los fideicomisos, los impuestos de salida o las futuras donaciones.

El asesoramiento fiscal también resulta necesario cuando los miembros de una familia residen en distintos países. Una distribución, un préstamo, una donación o un dividendo de una empresa pueden resultar fiscalmente ventajosos para una persona y problemáticos para otra. Si un miembro de la familia pasa a ser residente en Estados Unidos, Francia, Italia o Alemania, es posible que las hipótesis en las que se basó el titular ya no sean aplicables a la siguiente generación.

La familia debería contratar a asesores fiscales para cada jurisdicción y, a continuación, designar a alguien que se encargue de coordinarlos. Sin coordinación, cada asesor puede tener razón a nivel local, mientras que la familia acaba equivocándose a nivel global.

El cuarto punto de inflexión: las estructuras necesitan conocimientos especializados en materia fiduciaria

A menudo se habla de los fideicomisos, las fundaciones, las sociedades de cartera y los vehículos de inversión familiares como si fueran soluciones elegantes. Pueden serlo. Pero también pueden convertirse en estructuras mal comprendidas que las generaciones futuras heredan sin saber por qué existen.

La figura del especialista fiduciario cobra importancia cuando los activos se gestionan a través de estructuras que requieren administración, gobernanza, mantenimiento de registros y cumplimiento normativo. La cuestión no se limita únicamente a la configuración inicial, sino a si la estructura sigue respondiendo a los objetivos de la familia a lo largo del tiempo.

Un fideicomiso, por ejemplo, puede tener fideicomisarios, protectores, beneficiarios, cartas de deseos, políticas de distribución y obligaciones de información. Una fundación puede requerir miembros del consejo, un objetivo definido y una administración adecuada. Una sociedad de cartera puede necesitar cuentas, declaraciones fiscales, decisiones del consejo de administración y documentación sobre préstamos o distribuciones.

Un banco privado puede gestionar una cuenta perteneciente a una de estas estructuras, pero no tiene por qué administrar la propia estructura. El banco puede saber que una empresa es la titular de la cuenta sin ser responsable de si la gobernanza de la empresa está al día, de si las actas del consejo de administración respaldan las decisiones o de si la información sobre los beneficiarios se mantiene adecuadamente.

Las familias extranjeras residentes en Suiza deben prestar especial atención a este aspecto. Una estructura creada antes de su llegada puede haber sido adecuada en el marco de una residencia anterior, una etapa familiar o un régimen fiscal anteriores. Tras un traslado, cambios sucesorios o novedades normativas, es posible que sea necesario revisar esa misma estructura.

El valor de un especialista en gestión fiduciaria no reside en el glamour, sino en la integridad administrativa. Unas actas adecuadas, unos registros actualizados, unas decisiones documentadas y unos flujos de fondos transparentes son los elementos que hacen que las estructuras sean defendibles.

El quinto punto de inflexión: la familia se convierte en un problema de gobernanza

No toda la complejidad es de carácter financiero. Parte de ella es humana.

Un banco privado puede gestionar bien la cartera, pero sin ser capaz de resolver cuestiones familiares más profundas. ¿Quién está autorizado a hablar en nombre de la familia? ¿Qué herederos reciben información? ¿Deberían los hijos formar parte de un comité de inversiones? ¿Está la empresa familiar separada del patrimonio líquido de la familia? ¿Qué ocurre si un hijo trabaja en la empresa y otro no? ¿Qué nivel de gasto es aceptable? ¿Quién aprueba las iniciativas filantrópicas?

Una «multi-family office» o asesor en materia de gobernanza familiar puede resultar útil cuando la familia necesita procesos, y no solo productos. Esto puede incluir reuniones familiares, la formación de la próxima generación, protocolos de toma de decisiones, declaraciones de política de inversión, acuerdos entre accionistas, mecanismos de resolución de conflictos y la preparación para la sucesión.

La labor de gobernanza más importante suele tener lugar antes de que se produzca una crisis. Un fundador que mantiene el control absoluto puede que no vea la necesidad de formalizar los derechos de decisión. La necesidad solo se hace evidente tras una enfermedad, un fallecimiento, un divorcio o un conflicto. Para entonces, es posible que la familia se vea obligada a negociar en una situación de estrés.

Una buena «multi-family office» puede ayudar a plasmar las intenciones privadas en procesos viables. Puede preparar órdenes del día, coordinar a los asesores, llevar registros, formar a los herederos y garantizar que las decisiones no dependan exclusivamente de la memoria de una sola persona.

La familia debe seguir actuando con cautela. El asesoramiento en materia de gobernanza puede resultar impreciso y costoso si no va vinculado a resultados concretos. Un proveedor competente debería ayudar a la familia a definir quién toma las decisiones, a quién se informa, qué se documenta y cuándo se revisan las decisiones.

El sexto punto de inflexión: los mercados privados y las operaciones directas multiplican la carga operativa

Un banco privado puede ofrecer acceso a capital riesgo, crédito privado, infraestructuras, fondos de cobertura o coinversiones. Estas oportunidades pueden resultar atractivas, pero también suponen una mayor carga administrativa.

La inversión en el mercado privado requiere un seguimiento de los compromisos, las solicitudes de aportación de capital, las distribuciones, las fechas de valoración, las cartas complementarias, la documentación fiscal, las restricciones de liquidez y las comunicaciones de los gestores. Las operaciones directas añaden aún más complejidad: derechos de los accionistas, información del consejo de administración, financiación adicional, condiciones de salida, conflictos y riesgo de concentración.

Una familia puede creer que está realizando unas cuantas inversiones interesantes. Cinco años después, cuenta con docenas de cuentas de capital, informes en PDF, formularios fiscales y obligaciones de flujo de caja repartidas entre varios gestores. Es posible que el banco informe de algunas posiciones, pero no siempre con el detalle necesario para la planificación de la liquidez o el análisis de la exposición total.

En ese momento, es posible que la familia necesite un especialista en operaciones de inversión, un proveedor de informes consolidados o una «multi-family office» con capacidad para gestionar activos privados. La cuestión relevante no es solo el rendimiento, sino si la familia sabe a qué se ha comprometido, cuándo podría necesitar el dinero, cómo se determinan las valoraciones y qué inversiones están vinculadas económicamente.

Es aquí donde muchas familias se dan cuenta de que la carga administrativa de los mercados privados no es un simple problema administrativo. Afecta a la liquidez, al riesgo y a la toma de decisiones.

El séptimo punto de inflexión: el riesgo va más allá de la cartera

Los bancos suelen hablar del riesgo de inversión. Las familias también se enfrentan a riesgos operativos, cibernéticos, de reputación, legales, de seguridad personal y relacionados con personas clave.

El Informe sobre Riesgos 2025 de la FINMA identificó un aumento de los riesgos cibernéticos y tecnológicos en el sector financiero suizo y abogó por controles más estrictos sobre la externalización de servicios críticos. Las familias deberían interpretar esto no solo como una advertencia institucional, sino también como un recordatorio práctico. Las familias acaudaladas dependen de bancos, sistemas en la nube, gestores externos, abogados, fideicomisarios, plataformas de información, contables y personal. Cada relación con un proveedor genera una superficie de riesgo operativo y de datos.

¿Quién puede autorizar los pagos? ¿Cómo se verifican los cambios en las instrucciones bancarias? ¿Dónde se guardan los pasaportes, los testamentos, las pólizas de seguro, los documentos de fideicomiso y las escrituras de propiedad? ¿Qué ocurre si un familiar recibe una llamada «deepfake» en la que se le solicita una transferencia? ¿Quién tiene acceso a información confidencial sobre los beneficiarios o las residencias?

Un banco privado puede contar con un sólido sistema de seguridad interna, pero es posible que el ecosistema más amplio de la familia no lo tenga. Una family office, una multi-family office o un asesor especializado pueden ayudar a diseñar controles que abarquen a todos los proveedores: aprobaciones duales, devoluciones de llamada verificadas, protocolos de seguridad de documentos, derechos de acceso, formación en ciberseguridad, diligencia debida de proveedores y planes de respuesta ante incidentes.

La familia no debería esperar a que se produzca un caso de fraude o una filtración de datos para abordar este tema.

Cómo encajan entre sí los distintos proveedores

La familia no tiene por qué elegir entre un banco privado y cualquier otro asesor. La pregunta más acertada es qué función debería desempeñar cada proveedor.

El banco privado puede seguir siendo el principal depositario, prestamista y proveedor de servicios de inversión. Un gestor de activos externo puede gestionar carteras repartidas entre varios depositarios y replantear la selección de productos. Un asesor fiscal puede ofrecer asesoramiento sobre residencia, obligaciones de información, estructuras y sucesión. Un especialista en fideicomisos puede administrar fideicomisos, fundaciones o sociedades. Un proveedor de informes consolidados puede ofrecer a la familia una visión completa de sus activos y pasivos. Una «multi-family office» puede coordinar toda la estructura y gestionar la administración corriente.

El peligro radica en nombrarlos a todos sin definir quién es responsable. Un mayor número de asesores no implica automáticamente una mejor gestión. Pueden generar duplicidades, honorarios más elevados y confusión si nadie tiene autoridad para coordinar.

Una estructura sensata asigna a una sola parte la responsabilidad del conjunto. Puede tratarse de un directivo interno de la «family office», una «multi-family office» de confianza, un asesor independiente o un miembro de la familia con conocimientos financieros que cuente con el apoyo de profesionales. Alguien debe encargarse de mantener el mapa de activos, la lista de asesores, el calendario de informes, los derechos de decisión y el registro de asuntos pendientes.

Sin esa función, la familia no está desarrollando resiliencia. Lo que hace es acumular conocimientos especializados.

Un marco práctico para la toma de decisiones

Es probable que una familia necesite algo más que un banco privado cuando se den, al menos, varias de las siguientes circunstancias.

La familia tiene activos en varios bancos y no puede ver su exposición consolidada. La titularidad se canaliza a través de sociedades, fideicomisos, fundaciones u otras estructuras. Los miembros de la familia residen en distintas jurisdicciones fiscales. Los compromisos en los mercados privados son significativos. La familia es propietaria de empresas en activo o de inversiones directas. Hay varios herederos adultos con diferentes funciones y expectativas. El titular es la única persona que comprende la estructura en su totalidad. La presentación de informes es lenta, inconsistente o incompleta. Los asesores no se coordinan de forma regular. La aprobación de pagos y el acceso a la documentación son informales. Se habla de la sucesión, pero no está documentada.

Uno o dos de estos problemas pueden resolverse mejorando el servicio bancario y contando con un mejor asesoramiento externo. Cuando se dan varios a la vez, suele ser necesario adoptar un modelo operativo más formal.

El primer paso no debería ser crear una «family office» de gran envergadura. Debería consistir en definir la función que falta. ¿Se trata de la independencia en materia de inversiones, la coordinación fiscal, la administración fiduciaria, la presentación de informes consolidados, el gobierno corporativo, los controles cibernéticos o la administración diaria? Una vez identificado el problema, la familia puede elegir al proveedor.

Cómo es lo bueno

Una estructura bien diseñada no hace que el banco privado pierda su relevancia. Permite al banco dedicarse a lo que mejor sabe hacer, al tiempo que garantiza la coordinación de los asuntos generales de la familia.

La familia obtiene una visión global de los activos, los pasivos, la liquidez y la estructura de propiedad. Se consulta a los asesores fiscales antes de las operaciones, y no después. Las estructuras se gestionan adecuadamente. Se supervisan los compromisos en el mercado privado. Los herederos reciben la información y la formación adecuadas. Se documentan los controles de pago. Los asesores saben quién puede darles instrucciones. El mandante ya no es la única fuente de memoria institucional.

Para las familias extranjeras que llegan a Suiza, esta es la verdadera prueba de sofisticación. No se trata simplemente de tener un banco suizo, un asesor suizo o una dirección en Suiza. Se trata de crear una estructura en la que la experiencia suiza se integre con la realidad internacional de la familia.

Un banco privado puede servir de punto de apoyo. No se le debería pedir que soporte toda la estructura por sí solo.

En el momento en que una familia ya no es capaz de tener una visión global de su patrimonio, coordinar a sus asesores o explicar cómo se seguirían tomando las decisiones sin el fundador, ha traspasado los límites de la banca privada convencional. La solución puede ser una «multifamily office», un gestor de activos externo, un asesor fiscal, un especialista en cuestiones fiduciarias, un proveedor de informes consolidados o una combinación de todos ellos.

La decisión importante no consiste en añadir complejidad por una cuestión de prestigio, sino en incorporar el nivel adecuado de control antes de que la complejidad no gestionada se convierta en el mayor riesgo para la familia.