El auge de las inversiones sostenibles en las oficinas familiares independientes
La inversión sostenible está cobrando cada vez más protagonismo en las carteras de las oficinas familiares independientes. El Informe Global sobre Family Offices reveló que el 39% de las family offices estaban incorporando consideraciones medioambientales, sociales y de gobernanza en sus decisiones de inversión. Para las familias acaudaladas, sin embargo, este cambio va más allá de la mera adopción de una etiqueta ESG. Plantea cuestiones difíciles sobre el rendimiento financiero, los valores familiares y quién define, en última instancia, la finalidad del capital heredado.
Las oficinas familiares independientes se han centrado tradicionalmente en la preservación del patrimonio, la gestión del riesgo y la transmisión de activos de una generación a otra. Sus carteras suelen combinar mercados públicos, inmuebles, empresas privadas e inversiones alternativas.
Esta estructura a largo plazo debería convertirlos en inversores naturales en ámbitos como las energías renovables, la agricultura sostenible y las tecnologías climáticas. No están obligados a atender las solicitudes de reembolso trimestrales y pueden mantener sus inversiones durante largos periodos de desarrollo.
Su flexibilidad también genera ambigüedad.
Una oficina familiar puede perseguir objetivos medioambientales o sociales sin tener que dar explicaciones al respecto a los inversores externos. Puede cambiar su estrategia rápidamente o definir la sostenibilidad de acuerdo con las preferencias de un pequeño grupo de miembros de la familia.
Esto convierte a las oficinas familiares independientes en fuentes potencialmente influyentes de capital paciente. Además, hace que resulte difícil comparar sus prácticas en materia de ESG.
Los valores se incorporan al mandato de inversión
El patrimonio familiar rara vez se considera un activo puramente financiero. Puede representar el legado de un fundador, la seguridad de las generaciones futuras o la influencia perdurable de una empresa familiar.
La inversión sostenible añade otro posible objetivo: utilizar el capital de forma que refleje la visión que tiene la familia de sus responsabilidades más amplias.
El cambio climático, la desigualdad y la conducta empresarial han cobrado mayor protagonismo en los debates entre los miembros de las familias, los asesores y los comités de inversión. Algunas familias desean evitar obtener beneficios de actividades que consideran perjudiciales. Otras ven en los cambios medioambientales y sociales una fuente de nuevas oportunidades de inversión.
Estas motivaciones no son idénticas.
Excluir a las empresas de combustibles fósiles por motivos éticos no es lo mismo que reducir la exposición porque una familia prevea que los activos con altas emisiones de carbono vayan a perder valor. Invertir en energía limpia para obtener una rentabilidad competitiva no es lo mismo que aceptar una rentabilidad menor con el fin de lograr un beneficio medioambiental cuantificable.
Una estrategia creíble comienza por decidir cuál de estos objetivos es el más importante.
Sin esa claridad, la inversión sostenible puede convertirse en un conjunto de compromisos generales que ofrecen poca orientación cuando entran en conflicto las prioridades financieras y no financieras.
Rockefeller incorporó el simbolismo a su estrategia
El vínculo de la familia Rockefeller con el petróleo dotó de una importancia especial a su decisión de abandonar las inversiones en combustibles fósiles.
En 2014, el Rockefeller Brothers Fund anunció sus planes de desinvertir en combustibles fósiles y aumentar su inversión en energías más limpias. La decisión se interpretó de forma generalizada como una prueba de que una fortuna familiar con raíces en la industria petrolera podía apoyar una orientación de inversión diferente.
Este ejemplo es relevante para las oficinas familiares porque la política de inversión suele tener un peso simbólico. Una cartera puede reflejar cómo interpreta una familia su propia historia y cómo desea que la perciban las generaciones futuras.
Sin embargo, el simbolismo no es lo mismo que el impacto en la cartera.
La desinversión en una empresa que cotiza en bolsa no le impide directamente acceder a capital si otro inversor compra las acciones. Las consecuencias financieras dependen de la magnitud de la desinversión, de las condiciones del mercado y de si el capital se reorienta hacia alternativas viables.
Por lo tanto, las familias deben decidir si su objetivo es evitar determinadas exposiciones, influir en el comportamiento de las empresas o financiar soluciones cuantificables.
Cada enfoque requiere un conjunto diferente de herramientas.
La nueva generación cambia el rumbo de la conversación
A menudo se atribuye a los miembros más jóvenes de la familia el mérito de haber impulsado el interés por la inversión sostenible.
Los millennials y los herederos más jóvenes pueden dar mayor importancia al clima, al impacto social y al comportamiento de las empresas en las que invierte la familia. También pueden esperar pruebas más claras de cómo la cartera influye en el mundo más allá de su rentabilidad financiera.
Esto puede modificar la gestión de las family offices.
Los debates sobre inversiones, que antes se centraban principalmente en la preservación y la distribución, pueden ampliarse para incluir cuestiones como las emisiones, las prácticas laborales y los resultados sociales. Los miembros más jóvenes pueden cuestionar las inversiones vinculadas al origen de la fortuna familiar o poner en tela de juicio a los gestores externos cuyas estrategias parezcan incompatibles con los valores declarados.
El cambio no siempre es fácil.
Es posible que los miembros más mayores de la familia consideren que la sostenibilidad es un tema políticamente polémico o que les preocupe que pueda debilitar la disciplina de inversión. Por su parte, los miembros más jóvenes pueden considerar que una cartera tradicional no tiene en cuenta los riesgos que determinarán su propio futuro.
A menudo se presenta este desacuerdo como un conflicto entre el beneficio y los principios. En la práctica, puede tratarse de un conflicto en torno al horizonte temporal, las pruebas y el control.
Una política de inversión estructurada puede poner de manifiesto estas diferencias antes de que se conviertan en algo personal.
El enfoque ESG abarca varias estrategias distintas
El término «ESG» se utiliza a menudo como si describiera un único enfoque de inversión. Pero no es así.
Una family office puede integrar información medioambiental y de gobernanza en el análisis financiero convencional. Puede excluir determinados sectores, seleccionar gestores con sólidos procesos de sostenibilidad o invertir directamente en empresas que aborden problemas sociales y medioambientales.
La inversión de impacto va más allá, ya que busca un resultado no financiero, deliberado y cuantificable, además de una rentabilidad financiera.
Estas estrategias pueden coexistir en una misma cartera, pero no deben confundirse.
La integración de criterios ESG puede ayudar a identificar riesgos sin alterar el objetivo financiero de la cartera. Las exclusiones se basan en los límites establecidos por la familia. Las inversiones de impacto requieren una teoría sobre cómo el capital generará un resultado específico.
Esta elección también influye en la medición del rendimiento.
Una oficina familiar que invierta en una empresa cotizada del sector de las energías renovables puede comparar su rentabilidad con un índice de referencia del mercado público. Una inversión directa en agricultura regenerativa puede requerir un horizonte temporal más largo, menor liquidez y un conjunto distinto de indicadores de impacto.
El término «sostenible» no dice gran cosa a menos que se defina la estrategia subyacente.
Las pruebas sobre el rendimiento siguen siendo objeto de controversia
Las carteras sostenibles han superado en ocasiones a las inversiones convencionales durante los periodos de volatilidad del mercado. Sus defensores sostienen que las empresas con una gobernanza más sólida, menos pasivos medioambientales y mejores relaciones con las partes interesadas pueden ser más resilientes.
La relación no es automática.
Una cartera ESG puede obtener mejores resultados porque, durante un periodo determinado, incluye más empresas tecnológicas y menos productoras de energía. El resultado puede deberse más a la distribución sectorial que a un análisis de sostenibilidad más riguroso.
También puede ocurrir lo contrario. Excluir sectores rentables puede reducir la rentabilidad cuando dichos sectores registran un buen rendimiento.
Por lo tanto, las family offices deberían evitar considerar los criterios ESG como una fuente garantizada de rentabilidad superior o como un sacrificio financiero inevitable.
La cuestión relevante es si un factor de sostenibilidad es relevante para la inversión concreta.
La escasez de agua puede afectar a la agricultura y a la producción de semiconductores. La fijación del precio del carbono es más importante para los fabricantes de cemento que para las empresas de software. La gobernanza puede ser decisiva en cualquier sector, sobre todo cuando las estructuras de propiedad son complejas.
Un buen análisis relaciona la cuestión de la sostenibilidad con los ingresos, los costes, las necesidades de capital y la valoración.
Los mercados privados ofrecen una mayor influencia
Las oficinas familiares independientes son inversores activos en capital privado, capital riesgo y operaciones directas. Esto les brinda oportunidades a las que los inversores particulares convencionales tienen un acceso más limitado.
En lugar de adquirir acciones de una empresa ya consolidada, una «family office» puede financiar una empresa dedicada al desarrollo de energías limpias, nuevos materiales o una producción alimentaria más eficiente.
La propiedad directa puede proporcionar influencia sobre la estrategia, la gobernanza y la presentación de informes. Además, permite a la familia definir con mayor precisión los resultados que espera que la empresa persiga.
Los riesgos son considerables.
Las empresas sostenibles en fase inicial pueden depender de tecnologías aún no probadas, de la normativa o de la demanda futura de los clientes. Los proyectos de infraestructura requieren grandes cantidades de capital y pueden sufrir retrasos en la construcción. La agricultura sostenible conlleva riesgos biológicos, relacionados con las materias primas y con el uso del suelo.
El hecho de que no haya cotizaciones diarias en el mercado no hace que estas inversiones sean menos volátiles. Simplemente hace que esa volatilidad sea menos visible.
Las family offices necesitan conocimientos especializados del sector, valoraciones rigurosas y la capacidad de aportar capital de seguimiento. Una misión convincente no puede compensar un modelo de negocio débil.
La energía limpia atrae capital y competencia
La energía renovable es uno de los ámbitos más consolidados de la inversión sostenible.
Los proyectos solares y eólicos pueden generar ingresos garantizados a largo plazo, lo que los hace atractivos para los inversores que buscan flujos de caja predecibles. El almacenamiento de energía, la tecnología de la red eléctrica y la infraestructura de recarga ofrecen oportunidades adicionales.
A medida que entra más capital en el sector, la rentabilidad puede reducirse.
Los activos de infraestructuras con ingresos estables pueden atraer a fondos de pensiones, aseguradoras y grandes gestoras de activos, lo que aumentará la competencia por los proyectos de alta calidad. Las familias podrían verse abocadas a realizar inversiones en fases más tempranas o más complejas para obtener una mayor rentabilidad.
Las políticas son otra fuente de riesgo. Las subvenciones, los aranceles y los incentivos fiscales pueden mejorar la rentabilidad de los proyectos, pero también pueden cambiar tras unas elecciones o una revisión presupuestaria.
Las oficinas familiares deben distinguir entre una empresa que se beneficia del apoyo de las políticas y otra que no puede sobrevivir sin él.
La transición energética genera una demanda a largo plazo. Sin embargo, no protege a todos los proyectos de una mala ejecución o de una valoración excesiva.
La agricultura sostenible es un caso aparte
La agricultura tiene un impacto significativo en el suelo, el agua y las emisiones. Las oportunidades de inversión abarcan desde la agricultura de precisión y las proteínas alternativas hasta la silvicultura y la gestión regenerativa del suelo.
Este sector resulta atractivo para las oficinas familiares porque combina activos reales con temas medioambientales a largo plazo.
Los resultados pueden ser difíciles de medir.
La mejora de la salud del suelo, la biodiversidad y la retención de agua puede tardar varios años en producirse. La rentabilidad económica puede verse afectada por las condiciones meteorológicas, los precios de las materias primas y la normativa local.
Las inversiones en terrenos también plantean cuestiones sociales. Una estrategia que se describa como sostenible puede, aun así, provocar el desplazamiento de las comunidades locales o contribuir a la concentración de la propiedad.
Por lo tanto, la diligencia debida debe ir más allá de las declaraciones medioambientales. Debe examinar los derechos sobre la tierra, las condiciones laborales, el acceso al agua y las relaciones con las comunidades vecinas.
La sostenibilidad no puede evaluarse a partir de un único indicador de carbono.
Los datos no han logrado satisfacer la demanda
Las family offices solicitan cada vez más a los gestores de activos información detallada sobre criterios ESG. La calidad de dicha información varía considerablemente.
Las empresas que cotizan en bolsa pueden publicar informes exhaustivos sobre sostenibilidad, pero los datos suelen ser facilitados por las propias empresas y resultan difíciles de comparar. Las empresas privadas, por su parte, pueden divulgar muy poca información.
Las agencias de calificación ESG pueden llegar a conclusiones diferentes sobre una misma empresa, ya que seleccionan indicadores distintos y les asignan ponderaciones diferentes.
Esto plantea un problema concreto para las carteras diversificadas de las family offices. Es posible que una misma family office tenga que evaluar valores cotizados, empresas privadas, inmuebles y fondos utilizando datos que no están pensados para combinarse entre sí.
La inteligencia artificial y las plataformas especializadas pueden ayudar a procesar informes, estimar los riesgos y hacer un seguimiento de las controversias. Sin embargo, no resuelven el problema subyacente de la información incompleta.
Una herramienta analítica sofisticada puede generar una puntuación precisa a partir de datos de entrada inconsistentes. El resultado puede parecer fidedigno sin ser fiable.
Las family offices deberían centrarse en un número limitado de indicadores que sean relevantes para su estrategia, en lugar de recopilar todos los datos disponibles.
La medición comienza con la intención
No es posible demostrar el impacto a menos que se defina de antemano el resultado previsto.
Una oficina familiar que invierta en vivienda asequible debe decidir si su objetivo es aumentar el número de viviendas, reducir los alquileres, mejorar la eficiencia energética o atender a un colectivo concreto. Estos objetivos requieren medidas diferentes.
Lo mismo ocurre con las inversiones climáticas. Las emisiones evitadas, la capacidad renovable y la intensidad de carbono de la cartera son conceptos distintos.
La medición también debería distinguir entre el rendimiento de un activo y la contribución del inversor.
Una empresa de energía limpia que tenga éxito puede generar un resultado positivo para el medio ambiente. De ello no se deduce que la compra de sus acciones en el mercado secundario haya provocado ese resultado.
Esta distinción cobra mayor importancia cuando las oficinas familiares hacen declaraciones públicas sobre su impacto.
Un informe fiable debe explicar qué ha cambiado, cómo se ha medido ese cambio y qué papel ha desempeñado el capital. Asimismo, debe dar a conocer los resultados decepcionantes, en lugar de limitarse a informar únicamente de los éxitos.
La gobernanza evita que la sostenibilidad se convierta en algo personal
En una «family office» unifamiliar, las decisiones de inversión pueden estar estrechamente vinculadas a las relaciones familiares.
Un comité interno de ESG o de impacto puede aportar estructura, pero debe tener un mandato claro. No debe convertirse en un órgano simbólico sin influencia sobre la asignación de capital.
La familia necesita una política de inversión consensuada que abarque los objetivos, las exclusiones, las expectativas de rentabilidad y la presentación de informes. En ella debe especificarse qué decisiones requieren la aprobación de la familia y cuáles siguen siendo responsabilidad del equipo de inversión.
Los asesores externos pueden aportar sus conocimientos técnicos, pero no pueden definir los valores de la familia.
La gobernanza cobra especial importancia cuando las diferentes generaciones tienen prioridades distintas. Un proceso bien definido permite que los desacuerdos se consideren cuestiones relacionadas con la inversión, en lugar de pruebas de lealtad.
Además, favorece la continuidad. Las estrategias sostenibles no deberían depender por completo del entusiasmo de un solo miembro de la familia, que más adelante podría dejar el cargo.
Los gestores externos deben ser objeto de un control más riguroso
Muchas oficinas familiares aplican estrategias sostenibles a través de fondos y gestores externos.
La selección de directivos no debe limitarse únicamente a la imagen de marca.
La oficina debe comprender cómo influye la información ESG en las decisiones de inversión, qué datos utiliza el gestor y cómo se mide el rendimiento. Debería examinar los historiales de voto, las prácticas de participación y el trato que se da a las empresas que no cumplen las expectativas.
Un fondo calificado como sostenible puede incluir empresas con un historial medioambiental deficiente porque obtienen buenas puntuaciones en materia de gobernanza. Otro puede invertir en empresas con altas emisiones de carbono basándose en que están mejorando.
Ninguno de los dos enfoques es necesariamente erróneo. Ambos requieren una explicación.
Las comisiones también son importantes. Los productos sostenibles o de impacto pueden aplicar una prima incluso cuando sus activos subyacentes difieren poco de los de los fondos convencionales.
Las oficinas familiares deben tener cuidado de no pagar más por una marca que aporta poco a la construcción de la cartera.
La normativa eleva el nivel de transparencia exigido
La normativa en materia de sostenibilidad es cada vez más estricta, sobre todo en Europa.
Las gestoras de activos se enfrentan a obligaciones cada vez mayores a la hora de explicar las características medioambientales y sociales de sus productos. Las normas contra el «greenwashing» están ejerciendo una mayor presión sobre las empresas para que justifiquen sus afirmaciones.
Es posible que las oficinas familiares independientes no estén sujetas a las mismas obligaciones de divulgación pública que los fondos minoristas. No obstante, se ven afectadas a través de los gestores, los bancos y los productos que utilizan.
La regulación puede mejorar la disponibilidad de la información. También puede dar lugar a un enfoque excesivamente centrado en el cumplimiento normativo, en el que las carteras se diseñen para ajustarse a las normas de clasificación en lugar de generar resultados significativos.
Las familias que invierten a nivel mundial también deben hacer frente a las diferentes normas vigentes en las distintas jurisdicciones.
Una estrategia que se considere sostenible en un marco determinado puede no cumplir los requisitos en otro. Por lo tanto, la oficina necesita contar con su propia definición interna, en lugar de basarse únicamente en las calificaciones normativas.
Las redes pueden reducir el coste del aprendizaje
La inversión sostenible requiere conocimientos especializados de los que las oficinas familiares más pequeñas quizá no dispongan a nivel interno.
La colaboración con otras oficinas familiares puede facilitar el acceso a conocimientos sobre el sector, oportunidades de coinversión y experiencia práctica. Los foros especializados y las redes de inversores pueden ayudar a las familias a comparar gestores y a aprender tanto de las inversiones fallidas como de las exitosas.
La coinversión también puede facilitar el acceso a operaciones de mayor envergadura.
Las ventajas dependen de la disciplina. Una red familiar de confianza no sustituye a un análisis independiente. Los valores compartidos no garantizan que las necesidades de liquidez, las expectativas de rentabilidad o los derechos de gobernanza estén en consonancia.
Las oficinas familiares deben definir de antemano cómo se tomarán las decisiones y cómo se gestionarán los conflictos.
Las relaciones informales pueden abrir la puerta a una oportunidad. No deberían ser determinantes a la hora de decidir si se invierte capital.
El horizonte a largo plazo solo supone una ventaja cuando se utiliza
A menudo se describe a las «family offices» como inversores pacientes. Su capital no está vinculado a la vida útil de un fondo convencional, y pueden mantener activos a lo largo de varias generaciones.
Esto les proporciona una ventaja potencial en ámbitos en los que el valor se genera lentamente, como la silvicultura, las infraestructuras climáticas y la tecnología en fase inicial.
No hay que confundir la paciencia con la tolerancia ante un rendimiento deficiente.
Las inversiones a largo plazo siguen necesitando hitos, una buena gobernanza y una hoja de ruta creíble hacia la sostenibilidad financiera. Una family office puede permitirse esperar más tiempo para obtener rentabilidad, pero no debe aprovechar su horizonte temporal para eludir decisiones difíciles.
Las estrategias sostenibles más sólidas combinarán flexibilidad y disciplina.
Aceptarán que algunas oportunidades requieran más tiempo, sin dejar de estar dispuestos a retirar el capital cuando la tesis de inversión ya no sea válida.
La sostenibilidad no sustituirá al mandato de inversión
Las inversiones sostenibles podrían pasar a ocupar un lugar más importante en las carteras de las oficinas familiares en los próximos tres a cinco años. Esta tendencia se ve respaldada por el cambio generacional, la normativa y la ampliación de las oportunidades de inversión.
La Corporación Financiera Internacional ha previsto que las inversiones sostenibles podrían representar el 30% de los activos gestionados a nivel mundial para 2025. La cifra exacta debe verificarse, pero está claro que el mercado ha dejado de ser una pequeña categoría especializada.
En el caso de las oficinas familiares independientes, la cuestión decisiva no será si utilizar o no la terminología ESG.
La cuestión será si son capaces de convertir los valores familiares generales en una política de inversión que resista los cambios en los mercados, las generaciones y los asesores.
Para ello se necesita algo más que exclusiones y calificaciones favorables. Las familias necesitan objetivos claros, datos fiables, una gestión sólida y la voluntad de evaluar tanto los resultados financieros como los no financieros.
Las oficinas familiares independientes están en una posición idónea para respaldar inversiones que requieren capital a largo plazo. Su independencia les permite actuar antes y mantener los activos durante más tiempo que muchos inversores institucionales.
Esa libertad no garantiza buenos resultados.
La inversión sostenible solo resulta creíble cuando la misma disciplina que se aplica a la preservación del patrimonio se aplica también a los compromisos medioambientales y sociales. El objetivo no es elegir entre rentabilidad y responsabilidad, sino comprender en qué aspectos se refuerzan mutuamente, en cuáles entran en conflicto y qué está dispuesta a hacer la familia cuando esto ocurra.

