Cuando una «family office» se convierte en un inversor influyente
Goldman Sachs está tratando oficinas familiares más que como clientes privados y más bien como inversores institucionales. A través de Apex, su plataforma dedicada a las family offices, el banco pone en contacto a algunas de las familias más acaudaladas del mundo con operaciones privadas, salidas a bolsa, oportunidades de fusiones y adquisiciones, y los conocimientos especializados de toda la entidad. Este cambio refleja la rapidez con la que se ha ampliado el papel de las family offices. Lo que antes era principalmente una estructura administrativa y de gestión patrimonial se está convirtiendo cada vez más en un inversor activo con el capital, el acceso y la paciencia necesarios para competir por operaciones junto a empresas de capital riesgo, fondos de capital riesgo y fondos de cobertura.
Ese cambio plantea una cuestión de gobernanza que resulta más fácil pasar por alto que la propia oportunidad de inversión. Una family office puede adquirir influencia institucional antes de haber desarrollado los controles propios de una institución. Puede contratar a profesionales de la inversión con experiencia, participar en complejas operaciones en el mercado privado y ocupar puestos en los consejos de administración de las empresas de su cartera, sin dejar de basarse en aprobaciones informales, en una autoridad concentrada y en las relaciones familiares a la hora de tomar decisiones. Cuanto más amplia y directa se vuelve la operación de inversión, más difícil resulta justificar esa brecha.
Desde la gestión patrimonial hasta la negociación de acuerdos
El sector mundial de las family offices ha crecido rápidamente. Se estima que las family offices gestionaban $5,5 billones en 2024, y la cifra total podría ascender a $9,5 billones para 2030. La mitad de las family offices actuales se han creado desde 2012, impulsadas en parte por una nueva generación de emprendedores que han acumulado riqueza rápidamente a través de empresas tecnológicas, salidas del mercado privado y grandes salidas a bolsa.
Sus preferencias de inversión difieren de las de muchos clientes privados tradicionales. Alrededor del 70 % de las family offices realizan actualmente inversiones directas, con una participación aún mayor entre las familias que gestionan más de $500 millones. En lugar de asignar sus inversiones exclusivamente a través de fondos, invierten cada vez más en las propias empresas, se asocian en operaciones con otras familias o participan mediante estructuras de coinversión.
Convertirse en un inversor influyente ya no es algo inusual para una «family office» de gran tamaño. Lo que supone un reto mayor es crear una institución capaz de ejercer ese poder de forma responsable.


