Aumento de los fondos de cobertura centrados en criterios ESG
El crecimiento de los fondos de cobertura centrados en criterios ESG refleja un cambio más amplio en la forma en que los inversores evalúan el riesgo. Con unos activos globales en fondos ESG estimados en unos 1,435 billones de dólares, las consideraciones de sostenibilidad han pasado a ocupar un lugar más central en la asignación de capital. Los fondos de cobertura están respondiendo a esta tendencia, pero la transición está resultando más compleja que la simple incorporación de una etiqueta ESG a una estrategia ya existente.
Durante años, los fondos de cobertura se asociaban principalmente con la rentabilidad absoluta, las operaciones tácticas y la capacidad de obtener beneficios tanto en mercados alcistas como bajistas. Las consecuencias medioambientales o sociales rara vez ocupaban un lugar destacado en ese mandato.
Desde entonces, las expectativas de los inversores han cambiado. La exposición a los riesgos climáticos, las prácticas en la cadena de suministro, las condiciones laborales y el gobierno corporativo se consideran cada vez más no solo cuestiones éticas, sino también factores capaces de influir en las valoraciones, los costes de financiación y el rendimiento a largo plazo.
Los inversores institucionales han tenido una influencia especial. Los fondos de pensiones, las aseguradoras y los fondos soberanos esperan ahora que las gestoras de activos expliquen cómo se identifican, miden e incorporan los riesgos de sostenibilidad en las decisiones de inversión.
De la exclusión al análisis activo
Los primeros enfoques de la inversión responsable solían basarse en exclusiones. Los fondos evitaban sectores como el tabaco, el armamento o el carbón térmico, normalmente en respuesta a directrices éticas o a los mandatos de los inversores.
El Fondo de Pensiones del Estado noruego (GPFG) se convirtió en un ejemplo destacado. Sus decisiones de excluir o retirar la inversión de aquellas empresas que incumplían sus normas éticas demostraron cómo un gran inversor podía utilizar la asignación de capital para influir en la conducta empresarial.
El Acuerdo de París de 2015 dio un nuevo impulso. Las instituciones financieras se vieron sometidas a una presión cada vez mayor para evaluar si sus carteras estaban en consonancia con la transición hacia una economía con bajas emisiones de carbono.
Los fondos de cobertura han abordado esta cuestión de forma diferente a los gestores de activos que operan exclusivamente en posiciones largas. Sus estrategias pueden incluir la venta en corto, los derivados, el apalancamiento y cambios rápidos en la exposición. Esto complica la clasificación ESG, pero también genera oportunidades de las que los fondos convencionales quizá no dispongan.
Un fondo de cobertura puede, por ejemplo, tomar posiciones largas en empresas que se prevé que se beneficien de la transición energética, al tiempo que vende en corto acciones de aquellas empresas cuyas valoraciones no reflejan adecuadamente los riesgos normativos, medioambientales o de gobernanza.
Se ha señalado a Bridgewater Associates como uno de los grandes fondos de cobertura que incorporan criterios ESG en determinados aspectos de su proceso de inversión. Su enfoque pone de manifiesto una tendencia más generalizada: los datos sobre sostenibilidad se consideran cada vez más como información complementaria para el análisis macroeconómico, corporativo y de carteras, en lugar de como una categoría de inversión independiente.
Aumentan los activos, divergen las definiciones
Los activos gestionados con criterios ESG han crecido a un ritmo superior al 20 % anual, impulsados por la demanda de inversores institucionales y particulares. En la actualidad, alrededor del 80 % de los inversores institucionales tienen en cuenta los criterios ESG al menos en algunas de sus decisiones de inversión.
Estas cifras apuntan a una adopción generalizada. Sin embargo, no indican que exista una metodología común.
Un fondo puede centrarse en las emisiones de carbono. Otro puede dar mayor importancia a la independencia del consejo de administración, las prácticas laborales o la exposición a cambios normativos. Las agencias de calificación pueden llegar a conclusiones muy diferentes sobre una misma empresa, ya que utilizan datos, definiciones y sistemas de ponderación distintos.
Las afirmaciones de que los fondos de cobertura centrados en criterios ESG obtienen mejores resultados que los fondos convencionales también deben interpretarse con cautela. Algunos estudios asocian la integración de criterios ESG con una menor volatilidad y unos controles de riesgo más sólidos. No obstante, el rendimiento depende del periodo analizado, de la estrategia subyacente y de los criterios utilizados para definir un fondo ESG.
Un fondo «long-short» centrado en la tecnología y un fondo macro global pueden definirse a sí mismos como orientados a criterios ESG, aunque mantengan exposiciones muy diferentes. La etiqueta por sí sola revela muy poco sobre cómo influyen las consideraciones de sostenibilidad en la construcción de la cartera.
La regulación encarece el coste de la ambigüedad
La normativa europea ha obligado a las gestoras de activos a proporcionar más detalles sobre sus declaraciones en materia de sostenibilidad. El Reglamento de la UE sobre la divulgación de información relativa a la financiación sostenible exige a los participantes en los mercados financieros que revelen cómo se tienen en cuenta los riesgos de sostenibilidad y cómo se clasifican los productos con características medioambientales o sociales.
El objetivo es mejorar la comparabilidad y frenar el «greenwashing». En la práctica, las normas también han puesto de manifiesto la dificultad de traducir objetivos generales de sostenibilidad en indicadores de inversión coherentes.
Para los fondos de cobertura que operan en distintas jurisdicciones, el cumplimiento normativo resulta especialmente exigente. Las normas reguladoras difieren entre la Unión Europea, el Reino Unido, los Estados Unidos y los mercados asiáticos. Una estrategia que se comercializa como sostenible en una jurisdicción puede enfrentarse a diferentes requisitos de divulgación en otra.
Es probable que un mayor escrutinio permita distinguir entre los fondos que cuentan con procesos ESG consolidados y aquellos que se basan principalmente en el discurso comercial. Los inversores esperan cada vez más pruebas: datos sobre las emisiones a nivel de cartera, registros de voto, políticas de participación y explicaciones claras sobre cómo la información ESG influye en las operaciones.
Los datos siguen siendo el eslabón débil
La calidad del análisis ESG depende en gran medida de la calidad de la información subyacente. La información que facilitan las empresas suele ser incompleta, retrospectiva o difícil de comparar. Las empresas privadas y los emisores de los mercados emergentes pueden proporcionar aún menos datos.
La inteligencia artificial y el análisis de macrodatos podrían reducir algunas de estas brechas. Los fondos pueden utilizar datos alternativos para supervisar las emisiones, las cadenas de suministro, las controversias normativas o los cambios en la opinión pública. El procesamiento del lenguaje natural permite analizar informes empresariales, documentos legales y fuentes de noticias a una escala que sería imposible de alcanzar únicamente con analistas humanos.
Sin embargo, disponer de más datos no garantiza automáticamente que se tomen mejores decisiones. Los modelos pueden acentuar las incoherencias del material de partida, confundir la correlación con la causalidad o otorgar una importancia excesiva a indicadores que se miden con facilidad.
Una empresa que publique informes detallados sobre sostenibilidad puede recibir una valoración más positiva que un competidor menos transparente, incluso cuando su desempeño medioambiental subyacente sea peor. Por lo tanto, la disponibilidad de información puede confundirse con la calidad del desempeño.
Una visión más amplia del riesgo
Los defensores de la integración de criterios ESG sostienen que esta mejora el análisis de las inversiones al tener en cuenta riesgos que los modelos financieros convencionales pasan por alto. La normativa climática puede afectar al valor de los activos con altas emisiones de carbono. Una gobernanza deficiente puede dar lugar a fraudes, litigios o una mala asignación del capital. Los conflictos laborales y las interrupciones en la cadena de suministro pueden perturbar las operaciones.
Desde este punto de vista, el análisis ESG no es independiente del análisis financiero, sino que constituye una extensión del mismo.
Los críticos replican que los objetivos ESG son demasiado amplios, subjetivos y controvertidos desde el punto de vista político como para servir de marco de inversión fiable. También se preguntan si las gestoras de activos deberían perseguir objetivos sociales que quizá no estén directamente relacionados con la rentabilidad financiera.
En el caso de los fondos de cobertura, la respuesta práctica puede ser más limitada. En lugar de intentar resolver todos los problemas medioambientales o sociales, los fondos pueden centrarse en los factores de sostenibilidad que tienen relevancia financiera para una empresa, un sector o una actividad concretos.
Este enfoque es menos ambicioso, pero potencialmente más creíble. Vincula el análisis ESG a riesgos identificables, flujos de caja previstos y precios de mercado.
La siguiente fase será menos indulgente
Es probable que, en los próximos tres a cinco años, los criterios ESG se integren cada vez más en el análisis y la gestión de riesgos de los fondos de cobertura. La tecnología mejorará la rapidez y el alcance de los análisis, mientras que la normativa exigirá una información más precisa.
Es posible que siga aumentando el número de fondos que utilizan una etiqueta ESG. Sin embargo, la tendencia más significativa será la creciente diferencia entre la clasificación superficial y la integración genuina.
Los fondos deberán demostrar cómo la información sobre sostenibilidad influye en las decisiones de inversión. Los inversores esperarán algo más que compromisos generales o puntuaciones favorables de la cartera. Preguntarán qué riesgos se identificaron, cómo se ajustaron las posiciones y si la estrategia logró los resultados financieros y de sostenibilidad previstos.
Las empresas que busquen financiación se enfrentarán a una presión similar. Una gobernanza más sólida, unos planes de transición creíbles y una información coherente pueden facilitar el acceso a los inversores. Las afirmaciones poco sólidas o que no puedan verificarse tienen más probabilidades de ser penalizadas.
Por lo tanto, los fondos de cobertura centrados en criterios ESG están entrando en una etapa más exigente. El crecimiento de los activos ha consolidado el mercado. La próxima prueba consistirá en determinar si los gestores son capaces de traducir las ambiciones generales en materia de sostenibilidad en procesos de inversión disciplinados, resultados cuantificables y una rentabilidad que justifique sus comisiones.


