Oficinas unifamiliares

El auge de las inversiones sostenibles en las oficinas familiares independientes

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Para las oficinas familiares independientes, la inversión sostenible ya no es un tema secundario. Ha pasado a ocupar un lugar central en los debates sobre el riesgo, el legado y el control.

El cambio no se reduce simplemente a que “las familias se vuelvan más ecológicas”. A algunas les motiva el riesgo climático; a otras, la normativa, el riesgo para su reputación, la presión de las nuevas generaciones o la búsqueda de temas de inversión a largo plazo. Muchas siguen mostrándose cautelosas, sobre todo tras años de preocupaciones por el «greenwashing» y unos resultados desiguales en materia de ESG.

Sin embargo, la tendencia es clara. Cada vez son más las familias que se preguntan si su capital está en consonancia con el mundo que esperan que herede la próxima generación.

Un tipo diferente de capital

Las oficinas familiares independientes son inversores poco comunes. No se rigen por los flujos de fondos trimestrales de la misma manera que los gestores de activos. Pueden mantener activos durante décadas, invertir directamente y definir el éxito en términos más amplios que el rendimiento anual.

Esto las convierte en candidatas ideales para la inversión sostenible. Una family office puede invertir en energías renovables, tecnología climática, agricultura sostenible, sanidad, educación o infraestructuras sociales con un horizonte temporal más amplio que el de muchos inversores institucionales.

Pero la paciencia por sí sola no basta. La inversión sostenible sigue exigiendo disciplina. Una inversión poco sólida no se convierte en sólida por el mero hecho de llevar la etiqueta ESG. Un fondo climático puede tener un precio excesivo. Un proyecto de impacto puede resultar decepcionante. Una empresa con informes de sostenibilidad muy bien elaborados puede seguir entrañando riesgos de gobernanza.

Las family offices serias lo entienden. No están renunciando al rigor financiero. Están ampliando el concepto de riesgo.

De la filantropía a la estrategia de cartera

Para muchas familias, la sostenibilidad entró por primera vez en el debate a través de la filantropía. Las fundaciones apoyaban la educación, la salud, la conservación o la lucha contra la pobreza, mientras que la cartera de inversiones se mantenía al margen.

Esa separación es cada vez más difícil de mantener. Los miembros más jóvenes de la familia suelen preguntar por qué la familia debe donar dinero para resolver problemas, mientras que invierte en otras empresas que pueden contribuir a esos mismos problemas.

Esto no significa que la filantropía, los criterios ESG y la inversión de impacto deban agruparse en una sola categoría. Se trata de herramientas diferentes.

La filantropía persigue objetivos sociales o medioambientales sin esperar un rendimiento económico. La integración de criterios ESG tiene en cuenta los factores medioambientales, sociales y de gobernanza como parte del riesgo y las oportunidades de inversión. La inversión de impacto busca resultados positivos cuantificables, además del rendimiento financiero.

Una family office bien gestionada debe distinguir entre estos tres conceptos. Confundirlos da lugar a una gobernanza deficiente y a expectativas poco realistas.

La nueva generación cambia el mandato

El relevo generacional es uno de los principales motores de la inversión sostenible en las oficinas familiares. Muchos herederos más jóvenes desean tener una mayor visibilidad sobre cómo se invierte el capital. Son más propensos a cuestionar la exposición a los combustibles fósiles, las prácticas laborales, la rendición de cuentas de los consejos de administración y las consecuencias sociales de las decisiones de inversión.

Esto puede generar tensiones. Los fundadores pueden considerar que las exigencias en materia de sostenibilidad son de carácter emocional, político o una ingenuidad desde el punto de vista financiero. Los miembros más jóvenes de la familia pueden considerar que las carteras tradicionales están desfasadas o no se ajustan a los valores públicos de la familia.

Las mejores family offices no convierten esto en una guerra cultural. Lo convierten en una cuestión de gobernanza.

¿Para qué considera la familia que sirve el capital? ¿Qué sectores quedan excluidos? ¿Qué riesgos son financieramente significativos? ¿Cómo se debe medir el impacto? ¿En qué ámbitos está dispuesta la familia a aceptar una menor liquidez o plazos de amortización más largos? ¿Y en cuáles no?

Estas preguntas son más útiles que las declaraciones generales sobre “hacer el bien”.

La señal de Rockefeller

La decisión de la familia Rockefeller de desinvertir en combustibles fósiles en 2014 se convirtió en uno de los momentos simbólicos más destacados en el ámbito de la sostenibilidad de las oficinas familiares. Fue un hecho relevante debido a la historia de la familia. Una fortuna forjada gracias al petróleo se estaba reorientando hacia el clima y las energías limpias.

Pocas familias cuentan con un legado tan público. Sin embargo, muchas se enfrentan a un dilema estratégico similar: ¿qué debe hacerse cuando la fuente de la riqueza histórica ya no refleja los valores ni la visión del riesgo de las generaciones futuras?

Para algunos, la respuesta es la desinversión. Para otros, es el compromiso, la inversión en transición o la reasignación gradual. La respuesta adecuada depende del patrimonio de la familia, del mandato y del horizonte temporal.

El simbolismo puede ser muy poderoso. Pero la política de inversión debe ir más allá del simbolismo.

La normativa hace que sea más difícil ignorar los criterios ESG

La normativa también está transformando el panorama. En Europa, en particular, las normas sobre divulgación de información en materia de sostenibilidad han elevado las expectativas respecto a los gestores de activos, los bancos y los asesores. Incluso en los casos en que las oficinas familiares independientes no están reguladas directamente como los fondos públicos, se ven afectadas a través de las instituciones con las que colaboran.

Esto genera una mayor exigencia de una mejor documentación. Las familias necesitan cada vez más comprender qué contienen los fondos con etiqueta ESG, cómo se miden las afirmaciones sobre sostenibilidad y si la información facilitada es fiable.

La era del lenguaje ambiguo en materia de ESG está llegando a su fin. Las familias necesitan ahora preguntas más concretas: ¿Qué datos se utilizan? ¿Cómo se aplican las exclusiones? ¿Las emisiones se miden o se estiman? ¿Cuál es la política de diálogo con las empresas? ¿Cómo se verifican las afirmaciones sobre el impacto?

Para una oficina familiar, estas cuestiones forman parte de la disciplina fiduciaria.

Los mercados privados ofrecen influencia

Las oficinas familiares independientes suelen tener una ventaja en los mercados privados. Pueden invertir directamente, coinvertir con socios de confianza o respaldar a gestores en ámbitos especializados como la transición energética, los sistemas alimentarios, la economía circular, la innovación sanitaria o la vivienda asequible.

Los mercados privados pueden ofrecer una mayor influencia que las acciones que cotizan en bolsa. Un inversor familiar puede tener un contacto más directo con los fundadores, los consejos de administración y los equipos directivos. Esto puede fomentar una mejor rendición de cuentas, una gobernanza más sólida y unos objetivos de impacto más claros.

El riesgo radica en la opacidad. Las inversiones privadas son menos líquidas, las valoraciones son menos transparentes y los datos sobre el impacto pueden ser inconsistentes. Por lo tanto, la diligencia debida debe ser más rigurosa, no menos.

La inversión sostenible en el mercado privado no es un atajo hacia la virtud. Se trata de una forma exigente de asignación de capital.

Los datos siguen siendo un punto débil

Uno de los mayores obstáculos sigue siendo la medición. Las calificaciones ESG son inconsistentes. Los indicadores de impacto varían según el sector. Los datos sobre las emisiones de carbono pueden ser incompletos. Los resultados sociales son difíciles de comparar. En los mercados privados, la presentación de informes puede depender en gran medida de la disciplina de los gestores.

Esto plantea un problema para las oficinas familiares con carteras diversificadas. Un solo balance puede incluir acciones cotizadas, capital riesgo, inmuebles, capital de riesgo, empresas operativas, efectivo, obras de arte y actividades filantrópicas. Resulta difícil evaluar la sostenibilidad en una estructura de este tipo.

La tecnología puede ser de ayuda. Las plataformas de información integradas, los proveedores de datos ESG y las herramientas de análisis pueden ofrecer a las familias una visión más clara de su exposición y de los avances realizados. Además, pueden facilitar un diálogo más constructivo entre los titulares, los asesores y la próxima generación.

Pero la tecnología no puede determinar los valores de la familia. Solo puede hacer que las disyuntivas sean más evidentes.

Lo que deberían hacer las oficinas familiares

Una estrategia seria de inversión sostenible debe partir de un mandato.

La familia debe definir qué significa la sostenibilidad en su propio contexto. ¿La prioridad es el riesgo climático, el impacto social, la calidad de la gobernanza, la exclusión de determinados sectores, la alineación con la filantropía o la inversión en temas de transición a largo plazo?

Una vez que el mandato queda claro, la oficina puede hacer un análisis de la cartera actual. Esto suele poner de manifiesto contradicciones incómodas: exposición a sectores que la familia afirma querer evitar, fondos con escasa transparencia o asignaciones de impacto demasiado pequeñas como para tener relevancia.

El siguiente paso es la gobernanza. La inversión sostenible debe integrarse en la política de inversión, el marco de información y el proceso de selección de gestores. No debe depender del entusiasmo de un solo miembro de la familia o de un asesor.

Por último, la familia debe ser sincera en cuanto a las compensaciones. Algunas inversiones sostenibles pueden ofrecer rendimientos en línea con los del mercado. Otras pueden implicar un mayor riesgo, menor liquidez o un horizonte temporal más largo. La claridad evita las decepciones.

Más allá de la etiqueta ESG

La próxima fase de la inversión sostenible en oficinas familiares individuales será más selectiva. Las etiquetas ESG generales están perdiendo parte de su atractivo. Las familias buscan cada vez más estrategias que puedan comprender: transición climática, eficiencia energética, agua, biodiversidad, acceso a la sanidad, educación, sistemas alimentarios sostenibles o mejora de la gobernanza.

Este es un mercado más sano. Valora la concreción por encima de los eslóganes.

Para las oficinas familiares independientes, la inversión sostenible no es solo una cuestión de imagen pública. Se trata de cómo se interpreta, se gestiona y se prepara el patrimonio para su transmisión. La cartera pasa a formar parte del legado de la familia, y no es solo su motor financiero.

Las familias que tengan éxito no serán aquellas que hagan las declaraciones más sonadas sobre sostenibilidad. Serán aquellas que establezcan objetivos claros, planteen preguntas más pertinentes, midan lo que puedan y admitan lo que aún no pueden medir.

En el ámbito del patrimonio privado, la sostenibilidad cobra verdadera importancia cuando pasa de ser una simple aspiración a convertirse en una disciplina de inversión.