Family Offices de nueva generación

Cómo elegir un software para family offices sin acabar comprando un problema de datos muy caro

Una familia que traslada parte de su patrimonio a Suiza puede llegar con un impresionante equipo de asesores profesionales y, sorprendentemente, muy poca información consolidada. Un banco presenta sus informes en francos suizos, otro en dólares. Una sociedad de cartera es propietaria de varias inversiones privadas, aunque algunos compromisos se asumieron a título personal. Las valoraciones inmobiliarias se actualizan de forma irregular, los gestores de fondos calculan la rentabilidad de manera diferente y los asesores fiscales mantienen sus propios registros al margen del proceso de información sobre inversiones. Es posible que la familia sepa, a grandes rasgos, cuál es su patrimonio, pero que, sin embargo, sea incapaz de responder a una pregunta más útil: ¿qué posee, a través de qué entidad jurídica, en qué condiciones y con cuánta liquidez disponible?

El software para family offices suele adquirirse precisamente en este momento. La expectativa es que una plataforma sofisticada recopile la información dispersa, automatice la elaboración de informes y ofrezca una visión fiable de la situación global de la familia. A veces lo consigue. Pero con la misma frecuencia, el software confiere una estructura costosa y visualmente convincente a unos datos que siguen estando incompletos, duplicados o clasificados incorrectamente.

Este riesgo es especialmente relevante en Suiza, donde las familias internacionales pueden combinar cuentas de custodia suizas con sociedades, fideicomisos, fundaciones, inmuebles y participaciones en el mercado privado en varias jurisdicciones. El país sigue siendo el principal centro mundial de gestión transfronteriza de patrimonios privados. Según la Asociación Suiza de Banqueros, los bancos suizos gestionaban 9,284 billones de francos suizos a finales de 2024, de los cuales 4,225 billones correspondían a clientes domiciliados en el extranjero. La magnitud y el carácter internacional del mercado han propiciado un amplio ecosistema de bancos, gestores de activos externos, administradores fiduciarios, asesores fiscales, fiduciarios y proveedores de tecnología. También han dificultado una consolidación precisa.

El software adecuado puede mejorar el control, pero no puede determinar quién es el propietario legal de un activo, corregir una clasificación fiscal obsoleta ni resolver un desacuerdo entre dos bancos sobre la base de coste del mismo valor. Antes de comparar los paneles de control, las familias deben determinar qué problema se espera que resuelva el sistema y si la información subyacente es capaz de respaldarlo.

Empieza por las decisiones, no por las funciones

La contratación de servicios por parte de las family offices suele comenzar con una larga lista de funciones deseadas: informes consolidados, almacenamiento de documentos, contabilidad, previsión de flujos de caja, seguimiento de inversiones de capital privado, análisis de riesgos y, tal vez, un asistente de inteligencia artificial. La lista se va ampliando porque cada parte interesada añade un requisito, mientras que nadie define qué decisiones debe mejorar la familia.

Un proceso más riguroso comienza con las preguntas a las que el sistema debe dar respuesta.

¿Puede la familia conocer su exposición total a una empresa, incluyendo acciones cotizadas, fondos privados y participaciones directas? ¿Puede determinar cuánto efectivo se necesitará para las solicitudes de aportación de capital durante una caída del mercado? ¿Sabe qué activos pertenecen personalmente al titular y cuáles se encuentran dentro de una empresa, un fideicomiso o una fundación? ¿Pueden los asesores facilitar la información necesaria cuando un miembro de la familia cambia de residencia fiscal? ¿Puede el comité de inversiones comparar la rentabilidad neta, una vez deducidas las comisiones, y expresada en una moneda común?

Una familia con 25 millones de francos suizos depositados en dos bancos suizos puede que solo necesite una consolidación fiable de su cartera, gestión documental y una planificación básica del flujo de caja. Una familia con 300 millones de francos suizos repartidos entre bancos, sociedades operativas, inmuebles, capital riesgo y varias estructuras jurídicas requiere algo más parecido a una arquitectura de datos institucional. Adquirir el sistema más grande para la primera familia genera costes y trámites administrativos innecesarios. Adquirir el más pequeño para la segunda deja las exposiciones más importantes fuera de la plataforma.

El objetivo no es contar con el mayor número posible de funciones, sino crear una visión lo suficientemente fiable de los activos, pasivos, propiedad y obligaciones futuras de la familia.

Analiza los recursos disponibles antes de elegir el sistema

Antes de ponerse en contacto con los proveedores, la family office debería elaborar un mapa de activos y datos. No es necesario que esto comience como un proyecto tecnológico. Una hoja de cálculo estructurada puede ser suficiente para poner de manifiesto dónde residen los verdaderos problemas.

Cada activo material debe estar vinculado a su propietario legal, custodio o administrador, moneda de referencia, fuente de valoración, residencia fiscal, condiciones de liquidez y asesor responsable. Este proceso debe abarcar el efectivo y los valores negociables, pero también los inmuebles, las empresas privadas, los compromisos de inversión en fondos, los préstamos, las pólizas de seguro, las obras de arte y otras participaciones significativas.

Para una familia extranjera que establece su sede en Suiza, el ámbito de la titularidad reviste especial importancia. Es posible que la persona que se beneficia económicamente de un activo no sea la persona física o jurídica que figura como su titular legal. Una cartera puede pertenecer a una sociedad de cartera, mientras que la relación bancaria la gestiona un miembro de la familia en virtud de un poder notarial. Un fideicomiso puede ser titular de una inversión cuyos flujos de caja estén destinados a beneficiarios en varios países. Un software que trate todas estas posiciones como si pertenecieran directamente a una sola persona puede generar informes engañosos sobre la exposición, el rendimiento y la fiscalidad.

El mapa también debería identificar el origen de cada dato. Los precios de los valores cotizados pueden llegar automáticamente desde un depositario, mientras que la valoración de una empresa privada se introduce manualmente una vez al año. Las notificaciones de solicitud de aportación de capital pueden encontrarse en la bandeja de entrada de un correo electrónico. La deuda inmobiliaria puede estar gestionada por un contable, y los documentos de propiedad pueden estar en poder de un abogado. La familia no podrá evaluar una plataforma de forma sensata hasta que comprenda qué información puede automatizarse y cuál seguirá dependiendo del criterio humano.

Suiza no elimina la complejidad transfronteriza

Algunas familias siguen considerando a Suiza como si el hecho de depositar allí sus activos fuera a crear un mundo financiero autónomo y privado. El marco normativo suizo actual es considerablemente más transparente y está mucho más interconectado a nivel internacional.

Suiza participa en el intercambio automático de información sobre cuentas financieras desde 2017 y gestiona el sistema junto con más de 100 jurisdicciones asociadas. Las entidades financieras suizas obligadas a informar recopilan la información especificada sobre las cuentas y la residencia fiscal y la transmiten a la Administración Tributaria Federal para su intercambio con las autoridades asociadas pertinentes.

Por lo tanto, el software debería poder mantener registros claros sobre el titular de la cuenta, las personas con control, la residencia fiscal y las entidades jurídicas pertinentes. No debería comercializarse como una herramienta para eludir la divulgación de información, ni una familia debería dar por sentado que los datos almacenados en Suiza están exentos de las obligaciones existentes en otros lugares.

Una familia británica que se traslade a Ginebra, por ejemplo, puede seguir siendo propietaria de empresas y bienes inmuebles en el Reino Unido, al tiempo que mantiene inversiones a través de bancos suizos y una estructura familiar en otra jurisdicción. El sistema de información debe distinguir entre la titularidad de las inversiones y la residencia fiscal, y adaptarse a los cambios que se produzcan con el tiempo. Asimismo, debe conservar los registros históricos, ya que la familia podría necesitar determinar posteriormente cuándo se produjo un cambio en una cuenta, en la clasificación de una entidad o en el titular beneficiario.

Lo mismo se aplica a las familias vinculadas a Estados Unidos, cuyos requisitos de información pueden diferir sustancialmente de los de los clientes europeos. No se debe aceptar ninguna plataforma de family office simplemente porque lleve la etiqueta de “conforme a la normativa suiza”. La cuestión relevante es si puede proporcionar información precisa para las jurisdicciones y estructuras que realmente se aplican a la familia.

El alojamiento de datos no es un simple detalle técnico

El lugar donde se almacenan los datos de las family offices, quién puede acceder a ellos y qué subcontratistas los tratan deben considerarse cuestiones que competen al consejo de administración.

La Ley Federal de Protección de Datos revisada de Suiza está en vigor desde septiembre de 2023. Se aplica al tratamiento de datos personales e impone responsabilidades a las organizaciones que recurren a encargados del tratamiento externos. La autoridad suiza de protección de datos también deja claro que la transferencia de datos personales al extranjero está sujeta a condiciones específicas, entre las que se incluyen el nivel de protección del país de destino y las garantías aplicadas cuando dicha protección no se considere adecuada.

Que un proveedor afirme que su plataforma está “basada en la nube” no aporta mucha información a la familia. La familia debería preguntar en qué países se almacenan los datos principales, las copias de seguridad y las copias de recuperación ante desastres; qué proveedor de servicios en la nube se utiliza; si el personal de asistencia técnico fuera de Suiza puede acceder a los datos de producción; y si el proveedor puede incorporar nuevos subencargados del tratamiento sin previo aviso significativo.

La ubicación de los datos por sí sola no garantiza la seguridad. Un servidor mal protegido en Suiza no es más seguro por el mero hecho de ser nacional, mientras que un entorno en la nube internacional bien gestionado puede ofrecer controles técnicos sólidos. La cuestión es si la familia comprende el acuerdo, cuenta con protección contractual y puede evaluar el riesgo de concentración que supone la dependencia de un único proveedor y de sus proveedores de infraestructura.

La FINMA ha señalado en repetidas ocasiones que el riesgo cibernético constituye una de las principales amenazas operativas a las que se enfrenta el sector financiero suizo. Según sus datos, en 2024, uno de cada cinco bancos o compañías de seguros suizos ya externalizaba una parte significativa de sus datos o funciones a proveedores de nube pública. La preocupación de la FINMA no es que el uso de la nube sea intrínsecamente inadecuado, sino que la interconexión tecnológica y la dependencia de proveedores externos pueden magnificar el impacto de una interrupción del servicio, una violación de la seguridad o un fallo de control.

Es posible que una «family office» no esté sujeta a la misma supervisión que un banco, pero los activos y los datos personales que gestiona hacen que estas cuestiones sean igualmente relevantes.

Comprueba los datos, no la demostración

Las demostraciones de software se diseñan a partir de carteras de ejemplos bien estructuradas. Los datos reales de las familias rara vez son tan fáciles de manejar.

Antes de firmar un contrato, la familia debería realizar una prueba de concepto utilizando una muestra representativa de su propia información. La muestra debe incluir al menos dos bancos custodios, más de una divisa, un fondo privado, una inversión directa, un pasivo y un activo valorado manualmente. También debe incluir un caso complejo, como un valor transferido entre bancos, una participación con varios propietarios o una inversión cuyos informes se reciben en formato PDF.

A continuación, la familia debería pedir a la plataforma que genere resultados prácticos. ¿Puede mostrar el rendimiento neto, sin tener en cuenta los flujos de caja externos? ¿Distingue entre una solicitud de aportación de capital y una pérdida de inversión? ¿Puede conciliar el saldo de caja tras deducir las comisiones y las operaciones de cambio de divisas? ¿Conserva los datos bancarios originales cuando se realiza una corrección manual? ¿Puede un usuario rastrear el origen de una cifra que aparece en el panel de control?

Una plataforma que genera un informe atractivo pero que no puede explicar sus cálculos no es adecuada para una supervisión rigurosa. Cada cifra relevante debe tener un historial: de dónde procede, cuándo se recibió, qué transformaciones se le aplicaron y quién aprobó cualquier ajuste manual.

En este ámbito también hay que tratar la inteligencia artificial con cautela. La IA puede ayudar a extraer información de documentos, clasificar transacciones e identificar anomalías, pero no debe inventar valores que faltan ni modificar clasificaciones sin dejar un registro de auditoría. La autoridad suiza de protección de datos ha confirmado que la actual Ley de Protección de Datos se aplica directamente al tratamiento de datos asistido por IA. Por lo tanto, las familias deberían preguntarse si sus datos se utilizan para entrenar modelos, si las entradas salen del entorno controlado y si un ser humano debe aprobar los registros generados por la IA.

Los activos privados suelen poner de manifiesto las debilidades

La mayoría de las plataformas pueden mostrar una cartera de valores cotizados. La prueba más importante es cómo gestionan los activos privados.

Una familia puede comprometer 10 millones de CHF en un fondo de capital riesgo, pero invertir inicialmente solo una fracción de esa cantidad. La plataforma debe distinguir entre el capital comprometido, el capital aportado, el valor liquidativo actual, las distribuciones y el compromiso pendiente de financiación. Considerar el compromiso como si estuviera totalmente invertido sobreestima la exposición actual; ignorarlo subestima las necesidades futuras de liquidez.

Las empresas directas plantean un problema diferente. Su valor puede derivarse de una valoración externa anual, una ronda de financiación reciente o una estimación interna. Estas cifras no son equivalentes. El software debería registrar el método de valoración y la fecha, en lugar de presentar todas las cifras con la misma precisión aparente.

Del mismo modo, los bienes inmuebles deberían indicar la deuda, el porcentaje de propiedad, la fecha de valoración, la moneda y los ingresos, en lugar de limitarse a indicar un único valor de mercado bruto. Un chalet valorado en 8 millones de CHF, pero con una hipoteca de 4 millones de CHF, no supone una aportación de 8 millones de CHF al patrimonio neto. Tampoco constituye liquidez inmediatamente disponible.

Las familias deberían rechazar un sistema que obligue a agrupar activos fundamentalmente diferentes en una única cifra de rentabilidad estandarizada sin tener en cuenta los supuestos en los que se basa.

Decidir quién es el titular de los datos

El software no elimina la necesidad de asumir responsabilidades. Lo que hace es cambiar el tipo de trabajo que se requiere.

Alguien debe conciliar los extractos bancarios, aprobar las clasificaciones, introducir valoraciones privadas, supervisar las importaciones fallidas y mantener los registros de las entidades. En una «family office» pequeña, esta tarea puede recaer en un administrador externo. En una más grande, puede ser necesario contar con un controlador, un especialista en operaciones de inversión o un gestor de datos.

Esta responsabilidad debe definirse antes de la puesta en marcha. De lo contrario, la plataforma se va llenando poco a poco de entidades duplicadas, valoraciones obsoletas y modificaciones manuales sin justificación. Los informes siguen llegando puntualmente, pero la confianza en ellos va disminuyendo.

Un modelo de gobernanza eficaz asigna un responsable a cada ámbito de datos. El equipo de inversiones puede encargarse de las clasificaciones y los índices de referencia; el departamento financiero, de la tesorería, el pasivo y los valores contables; los asesores jurídicos, de los registros de titularidad; y los especialistas fiscales, de los atributos de residencia y declaración. A continuación, una persona debe asumir la responsabilidad de la integridad de la visión consolidada.

El proveedor debe respaldar esta estructura mediante un sistema de acceso basado en roles, flujos de trabajo de aprobación y un historial de auditoría completo. Un administrador con poca experiencia no debería poder modificar los datos históricos sobre la titularidad o la valoración sin que se sometan a revisión.

Comprender el coste total de la implementación

La cuota de licencia rara vez representa el coste total del software para family offices. La migración de datos, las interfaces bancarias, la configuración, la limpieza de datos históricos, la digitalización de documentos, la formación del personal y la consultoría externa pueden aumentar considerablemente los gastos del primer año.

Un sistema que cuesta 60 000 CHF al año puede convertirse en un proyecto mucho más ambicioso si la familia cuenta con 15 años de registros irregulares, varios bancos sin interfaces estandarizadas y activos privados gestionados a través de hojas de cálculo personales. El gasto adicional puede seguir estando justificado, pero es importante tenerlo claro antes de firmar el contrato.

Las familias deberían pedir a los proveedores que separen los cargos recurrentes de la suscripción de los relacionados con la implementación, el desarrollo a medida, las conexiones bancarias, el almacenamiento, la asistencia técnica y las futuras exportaciones de datos. También deberían aclarar si el precio aumenta en función del número de entidades, usuarios, cuentas o activos gestionados.

Un modelo de coste total a tres años resulta más revelador que el precio inicial de la suscripción. Debería incluir el tiempo de trabajo del personal interno necesario para gestionar la plataforma, así como el coste que supondría abandonarla.

Planifica la salida antes de firmar

La cuestión más ignorada en materia de contratación es qué ocurre cuando la familia quiere cambiar de proveedor.

¿Se pueden exportar todos los registros en un formato documentado y legible por ordenador? ¿La exportación incluirá precios históricos, transacciones, vínculos de titularidad, documentos, aprobaciones de los usuarios y registros de auditoría, o solo las últimas posiciones de la cartera? ¿Durante cuánto tiempo conservará el proveedor las copias de seguridad tras la rescisión del contrato? ¿Se cobra por separado la asistencia en la migración?

Una familia que no pueda eliminar y reconstruir su propia información no está comprando un sistema, sino que está entrando en una situación de dependencia.

Esto es importante cuando una familia cambia de jurisdicción, designa una nueva oficina multifamiliar o decide internalizar funciones. También es importante si la empresa proveedora es adquirida, cambia de estrategia o deja de dar soporte a un producto. La familia debe conservar copias de los documentos originales fundamentales de forma independiente y evitar que una sola plataforma se convierta en el único registro de la titularidad legal o de las obligaciones contractuales.

Cómo es un buen proceso de selección

Un proceso de adquisición fiable comienza con un mapa de activos y entidades, seguido de una breve definición de las decisiones que la plataforma debe respaldar. A continuación, la familia identifica sus controles esenciales: titularidad consolidada, previsión de liquidez, seguimiento de activos privados, trazabilidad de los datos, seguridad, permisos y capacidad de exportación.

Solo una vez realizado este trabajo debería invitar a los proveedores a presentar sus propuestas. Las demostraciones deberían basarse en los escenarios de la familia, en lugar de en el guion que prefiera el proveedor. Las referencias deberían proceder de despachos con una complejidad comparable, y no simplemente con un patrimonio similar. Los usuarios de los ámbitos jurídico, fiscal, de inversiones y operativo deberían probar el sistema, ya que cada uno de ellos detectará diferentes puntos débiles.

La decisión final no debe basarse en cuál de los paneles de control tiene un aspecto más moderno, sino en si la plataforma es capaz de convertir la información real de la familia en registros que sean trazables, estén regulados y resulten útiles.

Para una familia internacional que llega a Suiza, el mayor valor que aporta un software de family office no es un informe trimestral más elegante, sino la capacidad de ver dónde se encuentran los activos, quién es su titular, qué obligaciones están a punto de vencerse y en qué aspectos la familia sigue dependiendo de información incompleta.

Esa ventaja solo se aprecia tras el arduo trabajo de definir y depurar los datos. Sin ello, la tecnología no resuelve la complejidad; simplemente hace que parezca organizada.

 
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