La riqueza transfronteriza se está volviendo más compleja y exige una perspectiva global.
El panorama de la riqueza transfronteriza está cambiando más rápido que nunca, y los gestores patrimoniales están sintiendo la presión. Las familias y las personas con propiedades en varios países se enfrentan ahora a una maraña de normativas, impuestos y requisitos de información que pueden hacer dudar incluso a los asesores más experimentados. La riqueza mundial se concentra en menos manos que nunca. Según Boston Consulting Group, la riqueza en manos de personas con un alto patrimonio neto alcanzó los noventa billones de dólares en 2025, con aproximadamente una quinta parte repartida entre múltiples jurisdicciones. Esta tendencia ha traído consigo tanto oportunidades como dificultades.
La complejidad normativa es uno de los mayores obstáculos. En Estados Unidos, el cumplimiento de la ley FATCA y las normas de la OCDE sobre erosión de la base imponible y traslado de beneficios sigue siendo una realidad cotidiana para los gestores patrimoniales. Bancos como JP Morgan, Citi y HSBC están a la vanguardia al ofrecer sofisticados paneles de control de cumplimiento y servicios de asesoramiento para ayudar a los clientes a evitar sanciones y mantener la flexibilidad. En toda Europa, la Norma Común de Comunicación de Información y las directivas actualizadas de la Unión Europea contra la evasión fiscal han aumentado el escrutinio. Luxemburgo y Suiza siguen siendo jurisdicciones atractivas para la estructuración transfronteriza, pero los requisitos de transparencia han aumentado, lo que obliga a los asesores a replantearse los acuerdos de larga data. Mientras tanto, en Asia, Singapur y Hong Kong siguen siendo los centros preferidos para la preservación y el crecimiento del patrimonio, aunque la evolución política, especialmente en Hong Kong, está redefiniendo los cálculos de riesgo para quienes tienen intereses transfronterizos.
Los impuestos ya no son solo una cuestión de minimizar la responsabilidad. Requieren un cuidadoso equilibrio entre la reputación y el cumplimiento normativo. Los impuestos sobre sucesiones y donaciones, por ejemplo, varían mucho entre regiones. Francia impone gravámenes significativos a los patrimonios que se extienden más allá de sus fronteras, mientras que en Suiza, las normas cantonales locales ofrecen más flexibilidad. Los bancos privados y las empresas de consultoría, entre ellas KPMG, EY y Bain, siguen diseñando estructuras que utilizan fideicomisos, fundaciones y sociedades de cartera para proteger los activos y garantizar la planificación a largo plazo. Al mismo tiempo, acontecimientos inesperados, como sanciones o controles de capital en regiones como Rusia y Oriente Medio, pueden alterar rápidamente estos planes cuidadosamente elaborados.
Los inversores también tienen que lidiar con un entorno volátil en lo que respecta a las divisas y los tipos de interés. El dólar estadounidense sigue siendo dominante, pero la exposición a las divisas de los mercados emergentes conlleva tanto oportunidades como riesgos. El franco suizo y el dólar de Singapur siguen actuando como refugios seguros. Los bancos ofrecen plataformas integradas para supervisar las fluctuaciones de los tipos de cambio y los tipos de interés en tiempo real, lo que permite realizar ajustes rápidos en las carteras multidivisa. Al mismo tiempo, los bancos centrales mundiales están adoptando enfoques divergentes: se espera que la Reserva Federal mantenga unas subidas modestas de los tipos, el Banco Central Europeo se está estabilizando con cautela y algunos bancos centrales asiáticos están relajando su política para estimular el crecimiento.
La tecnología se ha convertido en un factor diferenciador fundamental en la gestión del patrimonio transfronterizo. Las sofisticadas plataformas patrimoniales, como las integraciones de Bloomberg Terminal, Avaloq y Backbase, permiten a los gestores consolidar cuentas, realizar un seguimiento de las inversiones y supervisar el cumplimiento normativo en todas las jurisdicciones. La tokenización de activos privados y las soluciones de información basadas en cadenas de bloques están ganando terreno, especialmente en el sector inmobiliario y el capital privado. Actualmente se utilizan análisis basados en inteligencia artificial para identificar oportunidades de ahorro fiscal y modelar rendimientos ajustados al riesgo para carteras globales complejas. Estas herramientas permiten a los asesores proporcionar un asesoramiento más rápido, preciso y práctico a sus clientes, al tiempo que reducen la carga administrativa.
Las diferencias regionales también están influyendo en la estrategia. En Norteamérica, la planificación se centra en la eficiencia fiscal, la sucesión y la filantropía, con bancos como Morgan Stanley, Goldman Sachs y Northern Trust a la cabeza del asesoramiento multiactivos. Europa hace hincapié en el cumplimiento normativo y la planificación de la sucesión, con UBS, Credit Suisse y Pictet ofreciendo soluciones personalizadas para los residentes de la UE. Los ricos de Asia buscan cada vez más la diversificación, la planificación de la sucesión y la protección de activos en el extranjero en medio de los cambios normativos en Singapur y Hong Kong. En Oriente Medio y África, se sopesan cuidadosamente los riesgos políticos y de mercado junto con las oportunidades de inversión en los mercados mundiales.
Los bancos y las empresas de asesoría son fundamentales para que la gestión patrimonial transfronteriza funcione. Los bancos privados ofrecen una combinación de herramientas de ejecución, estrategia y presentación de informes que simplifican la gestión de carteras. Las empresas de consultoría proporcionan análisis de escenarios, información macroeconómica y modelos de riesgo, lo que ayuda a las familias y a las instituciones a navegar por las cambiantes regulaciones y las incertidumbres globales. Las oficinas familiares, que antes eran simples centros de contabilidad, han evolucionado hasta convertirse en sofisticadas operaciones con tecnología y experiencia internas que rivalizan con las de los principales bancos mundiales.
Para los gestores patrimoniales, el mensaje es claro: la gestión patrimonial transfronteriza requiere una vigilancia constante, una profunda experiencia y capacidad de adaptación. No basta con optimizar los impuestos o diversificar los activos; los clientes esperan que los asesores se anticipen a las crisis geopolíticas, aprovechen la tecnología de manera eficaz y creen estrategias que puedan soportar la volatilidad, al tiempo que se mantienen en cumplimiento con las normativas de múltiples jurisdicciones. La capacidad de integrar estos elementos en una estrategia coherente es lo que distinguirá a los asesores más exitosos en 2026.
En un mundo en el que el capital fluye libremente pero las regulaciones se endurecen sin cesar, la gestión transfronteriza del patrimonio se está convirtiendo en un juego de alto riesgo que requiere precisión, previsión y agilidad. Los asesores que sean capaces de navegar por este complejo entorno con inteligencia y creatividad proporcionarán el máximo valor a sus clientes, garantizando no solo la preservación del patrimonio, sino también un crecimiento sostenible a lo largo de generaciones.
Conclusión de Rotharia
Los gestores patrimoniales que se ocupen de la gestión transfronteriza del patrimonio en 2026 deberán encontrar el equilibrio entre la complejidad normativa, el riesgo geopolítico y la innovación tecnológica para proteger y hacer crecer los activos, con estrategias adaptadas a las particularidades de cada región.

